lunes, 22 de diciembre de 2008

Críticas a la obra de Jane Austen [editar]


Austen no fue considerada una gran novelista (apta para entrar en el canon), hasta entrado el siglo XIX. Aunque la mayoría de sus obras aparecieron bajo seudónimo, fueron, sin embargo, ampliamente conocidas y recibieron numerosas críticas.
Fue Sir Walter Scott quien dio un empujón a su obra gracias a su favorable reseña de Emma.[13] Lo que apunta Scott en esta reseña son los puntos que van a repetirse en casi todas las críticas posteriores de Austen. Por un lado, tenemos el espacio, pues la originalidad de su obra radica en que crea entretenimiento a través de retratos de lugares y situaciones comunes para sus lectores. Sus personajes son casi sin exclusión personas de la clase media, movidos por principios que pueden ser comunes a los de cualquier lector, enclavados no en las exóticas colonias, sino en la campiña inglesa. Scott, además, agrega: "Esa joven dama tiene un talento para describir las relaciones de sentimientos y personajes de la vida ordinaria, lo cual es para mí lo más maravilloso con lo que alguna vez me haya encontrado".
En la última novela de Austen, Persuasión, muchos personajes leen alguna obra escrita por Scott y la elogian, pero es Marianne Dashwood en Sentido y sensibilidad quien menciona a Scott como uno de sus favoritos.
Estos mismos argumentos que emplea Scott pueden verse en otras críticas que apuntan a lo limitado de los temas que trata Austen, por ejemplo, en los artículos de Q.D Leavis en The Spectator. Las Guerras Napoleónicas no son tratadas más que en las figuras de los oficiales, ni tampoco se muestran las consecuencias trágicas que la guerra tuvo para muchas familias, ni asuntos políticos o sociales. De entre todos los personajes de sus novelas, ninguno es un sirviente, o pertenece a la clase baja. Salvo en Mansfield Park, tampoco se hacen referencias a las colonias, aún siendo esto común en las novelas de la época, en la que algunos personajes eran enviados a ellas, donde se enriquecían, y volvían con aventuras exóticas que narrar.

Austen contó además con la admiración de Thomas Babington Macaulay (quien pensaba que en el mundo no existían composiciones más próximas a la perfección), Samuel Taylor Coleridge, Robert Southey, Sydney Smith, Edward FitzGerald, y el príncipe regente, que se las apañaba para que ella le visitara en Brighton. Los académicos del siglo XX la situaron entre las escritoras más genuinas en lengua inglesa, algunas veces incluso comparándola con William Shakespeare. Tanto Lionel Trilling como Edward Said escribieron ensayos sobre las obras de Austen. Said hizo referencia sobre todo a Mansfield Park en su obra publicada en 1993, Culture and Imperialism.

Trilling afirmó en un ensayo sobre Mansfield Park:

Fue Jane Austen quien primero representó la personalidad específicamente moderna y la cultura en la que ésta se produce. Nunca antes se había mostrado la vida moral como ella lo hace ver, y nunca antes se había creído que fuera tan compleja, difícil y exhaustiva. Hegel habla de la "secularización de la espiritualidad" como una característica fundamental de la modernidad, y

Jane Austen es la primera en contarnos lo que esto supone.


En este aspecto, quizá la peor crítica (y más conocida) proviene de Charlotte Brontë, pues sus opiniones eran tan distintas que «salvo por el hecho, posiblemente relevante, de que ninguna de ellas tuvo hijos, [...], temperamentos más incongruentes no podrían haberse juntado en una habitación».En 1848, en una carta a George Lewes, quien había sugerido tras leer Jane Eyre que debería escribir con menos sentimentalismo como Jane Austen. Brontë contesta diciendo que todo lo que encontró tras leer Orgullo y prejuicio era «un preciso daguerrotipo de una faceta común; un jardín cerrado y cuidadosamente cultivado, de bordes limpios y flores delicadas; pero ni una vívida y brillante fisionomía, ni campo abierto, aire fresco, colina azul, o arroyo estrecho».

La primera reacción del escritor estadounidense Mark Twain fue el rechazo:


"¿Jane Austen? Porque, voy aún más lejos al decir que cualquier biblioteca es buena siempre que no contenga algún volumen por Jane Austen. Incluso si no tiene otro libro".



Sin embargo, Rudyard Kipling lo veía de otra manera, llegando a escribir una historia corta, "The Janeites", acerca de un grupo de soldados que eran también admiradores de Austen, así como dos poemas elogiando a la "Jane de Inglaterra" (England's Jane), y dedicándole amor póstumo verdadero.
Desde otra perspectiva, las novelas de Jane Austen, según comenta Richard Simpson (1820-1876) en The Critical Faculty of Jane Austen (1870), presuponen una sociedad organizada de familias, de padres casados, cuya existencia se complementa en haber dado origen a los héroes y heroínas de las diferentes historias. Estos personajes casi siempre están representados en armonía. El sentimiento, la estupidez, la frialdad y otras sensaciones, acompañan la vida cotidiana en consonancia con la felicidad y el bienestar.
Austen se encontraba a gusto con su familia y no deseaba contraer matrimonio; de ahí que en sus obras primen sentimientos como el amor fraternal y la amistad. Su condición de soltera le valió para observar y describir los males del amor desde una perspectiva ajena a su situación. Simpson creía además que Jane Austen excedía la verdad en sí misma, y caracterizaba a sus personajes con una fe que, sin embargo, se las apañaba para convivir con un cierto escepticismo.


Esta autora no utiliza un modelo de personaje, virtud o vicio perfecto. Su filosofía consiste no sólo en rescatar la luz de bondad en lo que se presenta como su opuesto, sino también destacar lo débil y efímero de lo bueno. Es su concepción del ser humano como ser social, y por tanto no individual, lo que la lleva a abstraerlo y aislarlo. Además, el hombre, para la autora, es el producto de las influencias sociales que actúan sobre él. Por otro lado, la virtud se halla relacionada a las diversas formas de parecer, impulsada por la lucha y el deseo de superación. El hombre no es estático, sino que se mueve constantemente, y así lo hacen sus ideas.
Es un hecho común que en las novelas de Austen encontremos pequeños grupos sociales, generalmente compuestos por familias que vivían en asentamientos rurales. Su obra demuestra como se mantuvo indiferente a los debates políticos de su tiempo, a la vez que exponen el medio rural sobre el que se abordan distintas mentalidades y formas de pensar, sin la necesidad de caer en diferencias importantes de clase.

Jane Austen, además, se caracterizó por presentar a sus heroínas en un estado de juventud e inmadurez, pero lleno de buena disposición. De mentalidad platónica, consideraba al alma como el epicentro de la unidad familiar, no como una república. Los conflictos se daban dentro de la familia, y no suponían un atentado contra la figura paterna, ni mucho menos un castigo capital por algún error cometido durante el transcurso de la acción. Sí trata, en cambio, de los matrimonios por conveniencia, del problema de la herencia, de la necesidad de castidad en determinadas situaciones, la virtud de la mujer (y del hombre en menor medida), y los valores que consideraba necesarios en toda sociedad.




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