martes, 23 de noviembre de 2010

Trailer de La Brújula Dorada (The Golden Compass)



La materia oscura (en inglés, His Dark Materials) es una trilogía de novelas fantásticas escritas por el británico Philip Pullman. Comprende los libros Luces del norte (Northern Lights, publicada en Estados Unidos como The Golden Compass), La daga (The Subtle Knife) y El catalejo lacado (The Amber Spyglass). Esta trilogía se complementa con otras obras menores de Pullman, Lyra's Oxford y Once Upon a Time in the North, así como The book of Dust, aún por publicar.

Bajo la apariencia de historia de fantasía para público joven, La materia oscura contiene gran cantidad de alegorías en distintos niveles, tratando temas de metafísica, física cuántica y filosofía, desde la perspectiva del autor. Éste describe la obra como dirigida a un público de "jóvenes adultos", ya que el contenido de La materia oscura puede resultar demasiado intelectual o maduro para la mayoría de niños.

Novelas de la Trilogía la matería oscura:

Luces del norte:

Lyra se entera de la existencia del Polvo a través de su tío, el aristócrata e investigador Lord Asriel cuando éste visita el Jordan College de Oxford antes de partir de viaje al Norte. Simultáneamente, están desapareciendo niños de todo el país a manos de una organización a la que se conoce popularmente como Zampones, que secuestran a un amigo de Lyra. Al poco tiempo, Marisa Coulter, una dama de alta sociedad, llega a Jordan College para tomar a Lyra bajo su protección. Antes de marcharse, el rector del College regala a Lyra un artefacto denominada aletiómetro, al que se le puede preguntar cualquier cosa, si se sabe cómo hacerlo e interpretar las respuestas.
Pronto Lyra relaciona a la señora Coulter con los Zampones y escapa de su casa para participar en una expedición de rescate de los niños desaparecidos que llevan a cabo los giptanos, un pueblo nómada que ha sufrido especialmente las desapariciones. En el Norte Lyra traba amistad con nuevos aliados, además de aprender a manejar el aletiómetro.

La daga:

Tras verse trasladada a un mundo desconocido al final de Luces del Norte, Lyra conoce allí a Will, un chico que huyendo de sus problemas en este mundo ha encontrado por un golpe de suerte un escondite perfecto en ese otro en el que está Lyra, al que ha accedido por una especie de ventana. Allí, Will consigue una daga con la particular habilidad de abrir esas ventanas entre los distintos mundos paralelos. Ambos niños, con la ayuda de algunos aliados, inician un viaje en busca de respuestas sobre el Polvo.

El catalejo lacado

Lyra, que ha sido secuestrada por la señora Coulter, es rescatada por Will usando su daga. Estando ahora al tanto de la guerra que Lord Asriel está llevando a cabo contra la Autoridad, una entidad que hace el papel de Dios de los multiversos y que Asriel desea derrotar. Los niños continúan su camino hacia éste para llevarle la daga, para lo que pasan a través de un mundo al que van a parar las almas de los seres inteligentes que mueren en todos los universos, el Mundo de los Muertos. Tras verse en el centro de los acontecimientos, actuando en papeles que habían sido reservados para ellos por el destino, los niños maduran y conocen el amor.

miércoles, 17 de noviembre de 2010

UNA HISTORIA DE AURORA Studio Theatre, little women

En abril de 2004, Meredith Bean McMath reunió a un grupo de personas con ideas afines con el propósito de formar una nueva compañía de teatro en el condado de Loudoun, Virginia. Fundadores del Grupo incluidas Angie Burkhart, Bean Maxine, Donnelly Tracey, Diane El-Shafey, Michelle Hixon , Margaret Levay, Poder Nani, Seymour Abigail, y Elizabeth Wilmer. En los próximos meses, el grupo formado Artículos de Incorporación, Estatutos Sociales y en una declaración de misión, ha establecido un consejo de administración, los funcionarios electos y Meredith Bean McMath se convirtió en la fundación Director Artístico.

El nombre de "Aurora Studio Teatro" fue elegido, en honor a los orígenes griegos del teatro. Aurora o Eos, la diosa de la Aurora, representa la vida que da la luz teatro puede traer al mundo. "Teatro Estudio" fue elegido para indicar los aspectos de la educación y la producción teatral. Michelle Hixon creado un logotipo corporativo para la empresa que figuran los rayos de un sol naciente.

En noviembre de Aurora se estrenó con la POCO Alcott MUJER, una adaptación escrita y dirigida por McMath (un ganador del dramaturgo premio). El show fue producido en Old Stone Escolar de Hillsboro, un centro comunitario gestionado por la Asociación Comunitaria de Hillsboro . Apertura respuesta noche fue abrumadora, y cada uno de los ocho restantes actuaciones se agotaron. Más de 1300 personas vieron el espectáculo, incluidos los miembros de la prensa, y Aurora recibió el primero de muchos comentarios entusiastas.

domingo, 14 de noviembre de 2010

St Martin's Theatre review-Agatha Christie's

St Martin's Theatre has had a pretty stable history, and a pretty static billboard, playing host to world's longest-running play 'The Mousetrap' since 1974 (it opened in 1952 next door at The Ambassadors Theatre). Agatha Christie's drawing-room whodunit has kept bums on seats for over half a century, breaking a multitude of world records. Understandably, St Martin's has an almost obsessive attitude to the production - even changing the show's entire set in 2000 didn't stop the show - and 'Mousetrap' hasn't missed a single performance since opening.

Teatro San Martín ha tenido una historia bastante estable, y un cartel bastante estático, el anfitrión de juego de más larga duración del mundo "La ratonera" desde 1974 (que se abrió en 1952 al lado, en el Teatro Embajadores). novela policíaca de Agatha Christie de la sala ha mantenido quemaduras en los asientos para más de medio siglo, rompiendo una multitud de récords mundiales. Es comprensible que San Martín tiene una actitud casi obsesiva a la producción - incluso cambiando conjunto del programa en 2000 no impidió que el espectáculo - y "ratonera" no se ha perdido una sola actuación desde su apertura

sábado, 13 de noviembre de 2010

Pride and Prejudice Teatro


ORGULLO Y PREJUICIO

Jane Austen adaptada y dirigida por Jon Jory
Septiembre 30-noviembre 2, 2008

Ingeniosa comedia romántica de Jane Austen del amor, la risa y la pasión en una lujosa etapa de adaptación, porque el amor verdadero nunca se hace viejo y "Es una verdad universalmente reconocida que un solo hombre en posesión de una buena fortuna debe estar en la falta de una esposa. "

martes, 9 de noviembre de 2010

Importance of Being Earnest music video

La importancia de llamarse Ernesto, cuyo título original en inglés es The Importance of Being Earnest, es una obra de Oscar Wilde escrita en 1895. Es una comedia que trata sobre las costumbres y la seriedad de la sociedad. Está dividida en tres o cuatro actos (dependiendo de la edición) e inspirada en el libro Engaged de William Schwenck Gilbert.

Ubicada en la Inglaterra de la época victoriana, la trama se desarrolla alrededor del protagonista Jack y su ficticio hermano Ernest.Las obras anteriores de Wilde le habían encumbrado a la cima del éxito por lo que no se esperaba nada nuevo del dramaturgo. La prensa era feroz en su búsqueda de nuevos personajes y argumentos, prestando gran atención a los detalles.

Para combatirla, Wilde bautizó la obra bajo el título de Lady Lancing y usó nombres de pueblos costeros para los personajes principales y la ubicación de la obra (el apellido de Jack, Worthing, está tomado de la ciudad donde residía Wilde cuando escribió la obra).Fue la única comedia que escribió Wilde y está considerada uno de sus mejores trabajos según los críticos. Se estrenó por primera vez en el 14 de febrero de 1895 en el St. James' Theatre de Londres.

jueves, 4 de noviembre de 2010

Who could ever resist the most beautiful love letter ever written?

"I can listen no longer in silence. I must speak to you by such means as are within my reach. You pierce my soul. I am half agony, half hope. Tell me not that I am too late, that such precious feelings are gone for ever. I offer myself to you again with a heart even more your own than when you almost broke it, eight years and a half ago. Dare not say that man forgets sooner than woman, that his love has an earlier death. I have loved none but you. Unjust I may have been, weak and resentful I have been, but never inconstant. You alone have brought me to Bath. For you alone, I think and plan. Have you not seen this? Can you fail to have understood my wishes? I had not waited even these ten days, could I have read your feelings, as I think you must have penetrated mine. I can hardly write. I am every instant hearing something which overpowers me. You sink your voice, but I can distinguish the tones of that voice when they would be lost on others. Too good, too excellent creature! You do us justice, indeed. You do believe that there is true attachment and constancy among men. Believe it to be most fervent, most undeviating, in


F. W.

viernes, 29 de octubre de 2010

Jane Austen

Destacada novelista inglesa cuya ficción satírica, ingeniosa y elegantemente estructurada señalan la transición en la literatura inglesa del neoclasicismo del siglo XVIII al romanticismo del siglo XIX. Austen nació en la parroquia de Steventon, Basingstoke, de la que su padre era rector. Estudió en su casa y nunca se separó de su familia, en la que era la séptima de ocho hermanos. Los Austen se marcharon de Steventon en 1801, viviendo a partir de entonces en Bath, Southampton, Chawton y Winchester. Austen empezó desde niña a escribir novelas para su familia. Algunos de sus primeros trabajos, escritos desde 1790, se publicaron en el libro Amor y amistad, y otras obras (1922). Las seis novelas que escribió hay que clasificarlas en dos periodos diferenciados. Las del primero (1796-1798) tardaron más de 15 años en encontrar un editor. Durante este tiempo escribió Juicio y sentimiento (1811), historia de dos hermanas y sus asuntos amorosos; Orgullo y prejuicio (1813), su novela más famosa, relata las relaciones de las cinco hermanas Bennett y su búsqueda de un marido adecuado, y La abadía de Northanger (1818), una sátira sobre las novelas góticas tan populares a finales del siglo XVIII. La segunda etapa creadora de Austen empezó en 1811 después de la publicación de Juicio y sentimiento. Tras doce años decepcionantes e improductivos, escribió rápida y sucesivamente sus tres últimas novelas: Mansfield Park (1814), Emma (1816) y Persuasión (1818). Todas relatan los enredos románticos de sus tres heroínas, retratadas en profundidad. Mucho tiempo después de su muerte se publicaron varias novelas incompletas. Los Watson (1923), Fragmento de una novela (1925) y Plan para una novela (1926). También se ha publicado su correspondencia Cartas (1932). Las obras de Jane Austen fueron muy bien acogidas desde su publicación y son de un estilo muy diferentes al romanticismo vigente en su época. Llenas de incisiva observación y detalles meticulosos, ella se propuso presentar pequeños grupos de personas en un espacio limitado y moldear los acontecimientos aparentemente triviales de sus vidas cotidianas en una comedia costumbrista. Sus personajes son de clase media y provincianos, cuya máxima preocupación es conseguir un buen pasar económico y su mayor ambición el matrimonio. Su tema característico fue el alcance de la madurez a través de la pérdida de las ilusiones. Los defectos de la personalidad de las personas que aparecen en sus novelas se corrigen aprendiendo la lección de las tribulaciones. Hasta el más secundario personaje es vívidamente interiorizado en su lúcido estilo característico. Por su sensibilidad hacia patrones universales de la conducta humana, muchos críticos consideran a Austen como una de las más grandes escritoras de la novela inglesa.

domingo, 24 de octubre de 2010

Downton Abbey

Downton Abbey, es una serie británica producida por Carnival films. Se desarrolla en el año 1912, durante el reinado de Jorge V. cuenta como la sociedad aristocrática de aquel entonces, pugnan entre ellos por ganar o mantener sus títulos nobiliarios.

jueves, 21 de octubre de 2010

MASTERPIECE CLASSIC -Emma

Adaptación de la novela de 1815 de Jane Austen del mismo nombre. La Miniserie de BBC Emma 2009.

Una historia de amor sobre una joven ofuscada en buscar maridos para las demás que no se da cuenta de la que tiene delante de sus narices. Emma Woodhouse, una joven hermosa, inteligente y rica, está convencida de que tiene un don para hacer de casamentera después de los felices enlaces de su hermana mayor y su institutriz. No le importa que tal y como le revela el Sr. Knightley, ella en realidad no tuvo nada que ver con esas uniones. Emma, cegada por su inexistente don, se enzarza en un juego peligroso y persuade a su nueva amiga Harriet – joven y hermosa pero de una escala social inferior- para que rechace la atractiva propuesta de matrimonio de un granjero del pueblo.

sábado, 16 de octubre de 2010

Victoria connelly


Victoria Connelly creció en Norfolk antes de asistir a Worcester College, donde estudió Literatura Inglés. Después de graduarse, trabajó su camino a través de un número de puestos de trabajo antes de convertirse en un maestro en el norte de Yorkshire -. Su primera novela se publicó en el Reino Unido Millones Molly - es en tapa dura en enero de 2009. Actualmente está trabajando en un libro sobre un excéntrico coleccionista, así como escribir una serie de aventuras de las niñas.

Con motivo de la publicación de su último inspirado en la novela de Austen en el Reino Unido, "Un fin de semana con el señor Darcy" , Victoria Connelly es mi huésped en mi Jane Austen Jane Austen a hablar conmigo.


-Un fin de semana con el Sr. Darcy-

Como profesor especializado de las Naciones Unidas las obras de Jane Austen, ha dado cuenta de que el hombre ideal sólo existe en las páginas de Orgullo y prejuicio.
Robyn Amor, ha sido bendecida con un nombre lleno de romance, pero su vida amorosa está lejos de ser perfecto. Stuck in a rut with a bonehead boyfriend, she longs for an escape. Esclavo de la rutina con un novio estúpido, que anhela un escape.
Los dos la cabeza a la conferencia anual de Jane Austen, con la esperanza de lanzar sus problemas de distancia. Pero, como surge el caos, parece Austen y fines de semana no estaría completa sin un poco de intriga y el romance en el camino ...
Un fin de semana con el señor Darcy ha sido lanzado en el Reino Unido por Harper Collins y estará fuera de los Estados en julio de 2011.

viernes, 15 de octubre de 2010

Bath, de la mano de Jane Austen

Considerada como una de las más grandes escritoras románticas inglesas, Jane Austen nos legó una serie de obras inmortales en las que su ingeniosa imaginación y su elegante literatura daban paso a historia llenas de ironía y pasión, en las que sus personajes se desarrollaban y alcanzaban su madurez en una constante lucha por no perder las ilusiones de la adolescencia.
Realismo puro y sensibilidad a raudales en una autora que mezclaba en su estilo el neoclasicismo del siglo XVIII en el que nació (1775) con el romanticismo del siglo XIX, en el que vivió su madurez y murió (1817). Muchas de sus obras, conocidas en todo el mundo han sido llevadas al cine y representadas en escenarios rodados en Bath, ciudad en la que vivió durante 4 años, de 1801 a 1805. ”Orgullo y Prejuicio“, “Sentido y Sensibilidad” o “Persuasión“, entre otras fueron rodadas en Bath.
Es Bath una ciudad muy tranquila, antigua (es de origen romano) y que aún conserva la elegancia y belleza sobria del siglo XIX, cuando la ciudad volvió a adquirir la fama que había tenido muchísimos siglos atrás, cuando eran los romanos los que visitaban sus baños termales. En muchos puntos de la ciudad, ésta se conserva casi como cuando Jane Austen paseaba por sus calles dispuesta a plasmar su esencia en sus libros.

Lugares como Greet Pulteney Street, con sus casas victorianas, al lado de donde ella viviera, o los Jardines Sidney por los que cada día paseaba buscando la inspiración, se mantienen casi idénticos y aún desprenden esa nostalgia y melancolía que sólo lugares como Bath, históricos, saben desprender.

Pero nuestro recorrido debe comenzar por su principal monumento, por la Abadía de Bath, iglesia catedralicia histórica, donde fuera coronado el primer rey de la Inglaterra unida, Edgardo el Pacífico, en el año 973. En aquella ceremonia, y siguiendo antiguos legados ingleses, se creó el boato y la diplomacia que hoy día se sigue guardando y haciendo con cada coronación de cada rey inglés. Lo que hoy es una iglesia anglicana, nació realmente como un monasterio benedictino en el año 757. Sin embargo, varias veces fue destruido y derribado (la primera en el año 1066 tras la invasión normanda) de modo que la Abadía que hoy podemos visitar es de una reconstrucción que mandó hacer Enrique VIII en el año 1499. Podéis ver la Abadía de Bath en varias secuencias de la película “Persuasión“, una de las obras de Jane Austen.

Nuestra siguiente parada debe llevarnos a los Baños Termales de Bath. El balneario fue fundado por los romanos en el año 43 d.C. después de que éstos invadieran la antigua Britania. Aquae Sulis, así era el antiguo nombre de Bath en honor a la dios Sulis, diosa del manantial, se convirtió en poco tiempo en un lugar famoso entre los romanos por la pureza y propiedades medicinales de sus aguas. Para aprovechar precisamente estas características se construyó allí todo un complejo balneario con diferentes estancias en las que tomar las aguas. Tras la marcha de Britania de los romanos este complejo quedó abandonado durante largo tiempo y no fue sino hasta principios del siglo XVIII cuando se redescubrió. Pocos años después, el auge de la ciudad, una vez más, vino gracias a la fama que poco a poco adquirió estos baños. De nuevo en ´”Persuasión” podréis ver algunas de las salas de este complejo termal. Incluso en “Barry Lyndon”, podréis ver a algunos personajes bañándose en algunos de esos manantiales.

Sally Lunn’s House es un restaurante que se ha hecho famoso a nivel internacional en Bath. Es curioso que un restaurante sea tan famoso que no sólo salga en todas las guías turísticas, sino que además, incluso, en la ciudad en los letreros y carteles de direcciones de las principales atracciones de la ciudad, además, de la Abadía o los Baños termales, aparezca el nombre de Sally Lunn. ¿Por qué se ha hecho tan famoso? el producto gastronómico más típico de la ciudad son los “bunn”, una suerte de bollitos pasteleros que se cocinan en muy diferentes formas. Según reza en la entrada del local, Sally Lunn tiene la receta más antigua de estos bollitos y data del siglo XIX. Pero es que además, el restaurante cafetería se encuentra en el que está considerado como la casa más antigua de Bath.

The Huntsman Pub y el Parade Garden están situados en el mismo centro de bath, casi enfrente de la Abadía y junto al río Avon que atraviesa la ciudad. Parade Gardens son unos bellísimos jardines, muy floreados, con una estética inmejorable y finamente cuidados al más mínimo detalle. Dicen que allí, en el siglo XIX, los jóvenes se iban para, ocultos a los ojos del mundo, mostrar su amor a su pareja. The Huntsman Pub, por su parte, fue uno de los primeros pubs que se abrieron en la ciudad. Por cierto que la zona, North Parade podréis verla en una película que os sonará mucho… “Drácula, de Bram Stoker”.

El río Avon y el Puente Pulteney son inseparables a la imagen de la ciudad. Cualquier recorrido que hagamos por Bath nos llevará al río que lo cruza, de aguas azules y siempre rodeado de vegetación allá donde miremos. A su lado, senderos y más senderos nostálgicos en los que perderse paseando. El puente Pulteney se ha hecho famoso por su estructura. Al igual que ocurre con el Ponte Vecchio de Florencia, este puente está lleno de tiendas típicas que fueron construidas sobre el mismo puente. Este puente no sólo lo tuvo que atravesar multitud de veces Jane Austen para ir hasta su casa que estaba al otro lado del mismo, sino que ha sido escenario de películas como “La hoguera de las Vanidades”.

Great Pulteney Street es una calle ancha, bordeada de casas victorianas, para mi gusto, la más representativa de aquel melancólico siglo XIX.
El Royal Mineral Water Hospital y el Royal Theatre son otros dos puntos intermedios, que por su arquitectura, hemos de ver antes de enfilar la calle que nos llevará hasta el Jane Austen Centre. Allí, una figura a tamaño real representativo de la genial autora, nos dará la bienvenida para adentrarnos en su mundo, un museo en el que se conservan viejos recuerdos de ella, y en el que podremos encontrar libros, lápices, plumas, pañuelos, sombrillas y cuanto nos podamos imaginar, dedicados a ella.
Gravel Walk es el paseo que nos llevará a través de los principales jardines de la ciudad, el Royal Park, donde incluso podemos visitar el Jardín Botánico. Son los jardines más populares de la ciudad, allá donde muchos van a relajarse tumbándose en el césped para disfrutar del clima de Bath. Al igual que ocurre con los restantes jardines de la ciudad están finamente cuidados y ornamentados. Macizos de flores multicolores por todos lados, setos perfectamente recortados, paseos empedrados, carriles para ir en bicicleta… todo pensado para disfrutarlos y pasar unas cuantas horas en ellos.
Royal Crescent es un claro ejemplo de la arquitectura georgiana que impera en Bath. Son treinta casas de ese estilo que se edificaron en forma de media luna y que fueron diseñadas por John Wood el Joven entre los años 1767 y 1775. Este arquitecto diseñó también nuestro siguiente punto turístico, The Circus, siguiendo una curiosa simbología masónica. Es el Circo un conjunto dividido en tres secciones de casas semicirculares, pero que todas juntas, forman un círculo visto desde arriba. Visto cenitalmente, The Royal Crescent junto con The Circus, forman el Sol y la Media Luna masónica.
Detrás de The Circus hay un grupo de casas que también fueron diseñadas en el mismo estilo por John Wood y que hoy día son visitables: The Assembly Rooms. Royak Crescent y The Circus son uno de los escenarios más utilizados de Bath en el mundo cinematográfico. Han aparecido en películas como “Vanity Fair”, “Barry Lyndon”, “Jospeh Andrews”, “Inspector Morse” o la más reciente “La Duquesa” con Keira Knightley. De las obras de Jane Austen, tanto “Persuasión” como “La Abadía de Northanger”, su primera obra, se rodaron aquí.
Cierro el paseo por Bath yendo de compras, claro. Hay varios centros comerciales
en la ciudad, y uno de los más conocidos es The Paragon, con tiendas y restaurantes de diferentes tipos. En las cercanías está también Milsom Street, una calle comercial que mencionó en algunas de sus obras Jane Austen.
No me cabe duda de que el río Avon sabe elegir a sus ciudades. Si siguiéramos su curso nos encontraríamos con auténticas joyas inglesas donde la calma, la elegancia y la belleza son notas características comunes. Bath es una de ellas, una joya que os recomiendo no dejéis de visitar.

jueves, 14 de octubre de 2010

My Fair Lady -Horse race scene

My Fair Lady (Mi bella dama) es una comedia musical. Está basada en la obra teatral Pigmalión de George Bernard Shaw.

La historia relata la vida de Eliza Doolittle, una florista callejera londinense a quien el profesor de fonética Henry Higgins, después de una apuesta con su amigo el coronel Pickering, propone darle clases para poder pasar por una dama de la alta sociedad. Higgins se atribuye el éxito de la empresa menospreciando el esfuerzo de Eliza, quien tiene una gran desilusión, aunque finalmente le acaba perdonando y decide quedarse con él.

George Bernard Shaw (* Dublín, 26 de julio de 1856 – Ayot St. Lawrence, Hertfordshire, 2 de noviembre de 1950) fue un escritor irlandés, ganador del Premio Nobel de literatura en 1925 y del Óscar en 1938.

miércoles, 13 de octubre de 2010

Pigmalión, George Bernard Shaw

La obra de teatro Pigmalión fue publicada en 1916 por George Bernard Shaw y está basada en el relato de Ovidio, Pigmalión. Shaw escribió esta obra en una época en que la fonética era un tema en auge; decía que el español y el alemán eran idiomas clarísimos que los extranjeros de dichas lenguas podían comprender, pero que el inglés era tan mal hablado por ellos que ni ellos mismos se entendían.En el mito de Pigmalión, de origen griego, Pigmalión se enamora de una estatua que él mismo ha creado. Gracias a fuerzas divinas la estatua toma forma humana y consiguen así estar juntos.Bernard Shaw situa su Pigmalión en el siglo diecinueve en el que los valores de la clase media alta eran superficiales y la actitud de la gente frente a las clases más bajas era inapropiada. En Pigmalión, Shaw hace unos largos y detallados comentarios al inicio de cada acto, especialmente en los actos dos y tres y entre los diálogos. El contenido verbal de la obra se basa en diálogos que le proporcionan un toque de ‘realismo’ haciendo que sus personajes hablen un lenguaje cotidiano con expresiones familiares. El uso de los diálogos hace más interesante la obra añadiéndole acción y proporcionándole mayor fluidez. También es una manera de comunicar con los lectores, a la vez que emplea el humor para aligerar los elementos dramáticos. Los personajes implicados en este drama contrastan entre ellos, especialmente los dos personajes principales de la obra que son Mr. Higgins y Eliza. Es un conflicto entre la clase media-alta y la clase social más baja, del esfuerzo de los poderosos para dominar sobre los que no lo son y así aumentar su nivel sea posible o no. Aunque hay una excepción, y este es Pickering, que es el hilo conductor entre los dos mundos, el de Higging y el de Eliza, que lleva la situación de la mejor manera posible sin ningún tipo de obligaciones. Él parece respetarla y sus métodos son más efectivos en la transformación que los de Higgins, que constantemente abusa verbalmente de ella, se burla y la menosprecia por sus maneras simples y su educación, y la llama ‘mujer’ en lugar de utilizar su nombre. En este sentido, él demuestra que no sólo la considera como un objeto sino que opina lo mismo de todas las mujeres de su clase social. Eliza explica a Pickering que gracias a él ha aumentado su amor propio y la ha animado a seguir adelante. El profesor Higgins explota a Eliza utilizándola como experimento personal y su motivo más profundo es el de probarse a sí mismo que puede crear o transformar un ser humano cambiando la manera que él/ella habla y se comporta. Pero a causa de sus actitudes en clase es visto como un hombre grosero, a pesar de que esperemos que sea un caballero. Sin embargo, en ocasiones, por ejemplo en las fiestas, se muestra como un auténtico caballero con sus invitados pero nunca con ella. A pesar de que Eliza vacila a principio, se esfuerza a responder sus peticiones en las clases que le ofrece su Pigmalión. Ella es inteligente y aunque proviene de la clase social más baja tiene un voluntad fuerte, usa su cerebro, quiere aprender para alcanzar un futuro mejor para ella y su motivación es convertirse en una persona mejor; así que soporta los abusos verbales y las actitudes abusivas para alcanzar su pequeño sueño que es el de convertirse en ‘la dama en la floristería…’ a pesar de que puede escoger la solución fácil de la época que era la prostitución. Eliza es de alguna manera la creación de Higgins pero Shaw no le da un final romántico a la obra y Higgins ‘no se enamora de la duquesa artificial’ ya que Shaw no quiso una conclusión convencional.

miércoles, 6 de octubre de 2010

Margaret Mitchell

Margaret Mitchell (*Atlanta, Estados Unidos, 8 de noviembre de 1900 – Ibídem, 16 de agosto de 1949) nació y murió en Atlanta, ciudad que influiría en su única obra Lo que el viento se llevó, una de las novelas más populares de la historia de la literatura, que el director de cine Victor Fleming inmortalizaría en la pantalla en 1939.

Mitchell estudió en el Smith College y más tarde trabajó como articulista y redactora del Journal de Atlanta durante 4 años, de 1922 a 1926, fecha en que comenzó a escribir su popular novela, que no finalizará hasta diez años después. Este retrato romántico de la vida en el sur de Estados Unidos durante la Guerra de Secesión Americana contada a través de la historia de una familia georgiana se convirtió de inmediato en un best seller y recibió el premio Pulitzer en 1937 su carácter era muy parecido al de la heroína de su novela Scarlett O'Hara, viviendo romances en la tónica de la misma. Hasta 1949 se habían impreso de la obra 8.000.000 de ejemplares y ha sido traducida a 30 idiomas. Años más tarde, en 1949, Margaret Mitchell falleció junto con su marido atropellados por un taxi, conducido por un tal Hugh Gravitt, que pasaba a toda velocidad, el incidente fue comentado como una gran tragedia.

Margaret Mitchell empezó a fraguar esta historia entre 1922 y 1926, cuando trabajaba para el Journal de Atlanta, pero no sería hasta diez años mas tarde cuando la concluiría. Pronto se convirtió en un best seller y hoy en día es una de las novelas más populares de la historia de la literatura. En 1937 "lo que el viento se llevo, ganó el premio Pulitzer por este libro, reflejo de la sociedad georgiana durante la época de la guerra de Secesión.
Sería el director de cine, Victor Fleming, quien en 1939 la llevaría a la gran pantalla, convirtiéndose en una de las películas más largas y caras hasta el momento de su estreno.
En la actualidad todo un clásico del séptimo arte.
La bella Scarlett O´Hara es una jovencita acomodada del sur. Su existencia es apacible y segura, sin amenazas, sin sombras, siempre rodeada de fiestas, frivolidades y diversiones. Su única preocupación es conseguir el amor del esquivo Ashley Wilkes un hombre sencillo y soñador, el único galán del condado que no parece caer rendido a sus coquetos pies.
A pesar de que éste no termina de confesar la atracción que siente por ella, la caprichosa Scarlett no se rinde, ni siquiera cuando descubre que su amado Wilkes se ha comprometido con su prima Melanie Hamilton. Dispuesta a hacerle cambiar de opinión, la osada Scarlett le declara impetuosamente su amor, pero Ashley acobardado sólo puede renegar de esa locura y vacilante deja sumida en dudas a la joven Scarlett. La indignación crece en ella cuando atónita descubre que un jocoso hombre, Rhett Butler, les ha estado espiando. La sorpresa por la intromisión sólo dura un instante, el tiempo suficiente para dejar ver su lado menos cortés.
Es entonces cuando la encantadora e hipócrita Scarlett roba el corazón de Rhett, tan mujeriego, tan poco convencional, tan acostumbrado a mirar sólo por sus intereses. Sin embargo su atractivo no tiene interés para Scarlett que sigue tan enamorada de Ashley como siempre.

Despechada por no poder tenerle, acepta casarse con el apocado Charles Hamilton, hermano de su mayor rival, la bondadosa Melanie.
Así comienza la novela. A partir de aquí estallará la guerra, y los valientes soldados sureños, que habían mostrado su entusiasmo por entrar en combate, verán la cara menos romántica de la contienda, enfrentados a la cruenta batalla.
La vida disipada de Scarlett pronto desaparecerá sin remedio. Convertida en sostén de su familia tendrá que luchar por su sustento y el porvenir de su plantación. Ambiciosa, desalmada, frívola como siempre, Scarlett, aún en medio de la tragedia, logra reponerse viéndose obligada a moverse en círculos antes vetados para una dama.
Entrelazada en esta historia de honor, dolor, pérdida, hay algo que destaca mas que ninguna otra cosa: el amor. El amor obsesivo de Scarlett por Ashley, el de Ashley por sus ideales, el amor inesperado del verdadero afecto de Melanie por Scarlett, el amor incansable de Rhett y el amor sobre todo de una mujer fuerte y valiente por una tierra, la tierra roja de Tara.

"Cuando una civilización se derrumba los que tienen valor e inteligencia se salvan, los que no… se los lleva el viento".

lunes, 4 de octubre de 2010

Vídeo de presentación de "Mr.Rosenblum sueña en inglés" de Natasha Solomons

A pesar de su altura y su acento, Jack Rosenblum es todo tenacidad y está decidido a convertirse, a través del estudio y el esfuerzo, en un “auténtico caballero inglés”.Jack dedica gran parte de su tiempo libre a recopilar una lista de normas, una guía exhaustiva de modos, costumbres y hábitos ingleses. Sabe que la mermelada hay que comprarla en Fortnum & Mason, conoce de memoria la lista de los monarcas británicos desde el año 913… Y además, exceptuando alguna que otra ocasión, jamás se expresa en su idioma, el alemán. Desde su desembarco en Harwich, al ser deportado en 1937, comprendió que la clave del éxito pasaba por la integración. Pero ocho años después de la Segunda Guerra Mundial, y a pesar de todos sus esfuerzos, su apuesta por pasar desapercibido tropieza con dificultades inesperadas, entre ellas las que le plantea su propia esposa, Sadie, a quien la obsesión de su marido le resulta incomprensible. Ella no quiere olvidar quiénes son, ni de dónde proceden.Pero Jack está convencido de que terminarán por encontrar un verdadero hogar. En un último intento por completar la lista que lleva tanto tiempo elaborando, convence a una Sadie escéptica para que se trasladen al campo, a la Inglaterra profunda. Ahí, en una tierra de cerdos lanudos, campánulas y sidra de luciérnaga, se embarcan en una aventura imposible…Natasha Solomons nos ofrece una emotiva y sorprendente novela donde el lector acompañará a Mr. Rosenblum en su búsqueda de un hogar y de amistades verdaderas.

domingo, 26 de septiembre de 2010

Christianna Brand

Christianna Brand (17 de diciembre 1907 - 11 de marzo de 1988) fue una escritora británica de literatura infantil y novelas poliacas.

Nació como Mary Christianna Milne (1907) en Malasia y se crió en la India. Tuvo una serie de ocupaciones diferentes, incluyendo modelo, bailarina, asistente de compras e institutriz.

Su primera novela, Death in High Heels, la escribió mientras trabajaba como vendedora, publicándose en 1941. Aunque la mayor parte su obra literaria está circunscrita al género policiaco, es también la autora de la serie infantil Nurse Matilda, en la que se basan las películas de La niñera mágica (Nanny McPhee).

lunes, 13 de septiembre de 2010

La hora del té

Indiscutidamente, uno cuando piensa en té le es imposible no pensar en el Reino Unido. A pesar de que allí mismo el té no se produce, los ingleses han adquirido la costumbre de beber té,como en ninguna otra parte del mundo. Es por eso que han surgido una gran cantidad de hábitos relacionados con esa bebida, en la cultura británica.
Pero es imposible separar las costumbres del té con la Gran Bretaña. Es que desde hace largo tiempo, más precisamente cuando empezaron a importarlo desde la India, el té se convirtió en la bebida más popular por aquellos lares.La introducción del té en las islas británicas data de una gran antigüedad. Es más, habría que remontarse a los reinados de Catalina de Braganza, la reina consorte de Carlos II. Esto es en los años 1660, aproximadamente. De todos modos, no fue hasta el siglo XIX cuando el té logró tener en Inglaterra la afición que despierta por estos tiempos.Los ingleses, a la hora de beber el té, lo beben solo, con azúcar o con leche. Se inclinan generalmente por los "blends" y nunca lo sirven con crema. Todo el mundo bebe su té en el Reino Unido. Hasta tal punto, que algunas compañías permiten a sus empleados, hacer una pausa para beber el té.

La hora del té es una de las costumbres más famosas de la sociedad inglesa. Por esta razón, se puede encontrar una gran oferta de casas de té en Londres, donde los visitantes no sólo tienen la oportunidad de degustar los deliciosos bizcochos y las más selectas variedades de té, sino que también pueden adquirir exclusivas marcas de té en sus diferentes modalidades (hebras, granulado, etc).
-Curiosidades vinculadas con la tradición del té: la importación del té a Gran Bretaña comenzó en 1660, año en que la esposa del rey Carlos II comenzó a promover la llamativa infusión y extendió su desgutación por el resto de la Corte. Con el paso de los años, comenzó el auge de las famosas “warehouses” a orillas del río.
Podría establecerse una clasificación del té inglés, destacando por un lado los breakfast teas (como el Assam y el famoso English Breakfast tea) y por otra parte los afternoon teas (como el Ceylon y el Earl Grey).

lunes, 6 de septiembre de 2010

Willa Cather

Wilella Sibert Cather (Black Creek Valley, Virginia, 7 de diciembre de 1873 - Nueva York, 24 de abril de 1947), más conocida con el nombre de Willa Cather, escritora estadounidense.

Cuando tenía nueve años su padre trasladó la familia a un rancho cerca de Red Cloud, en Nebraska. Estudió en la Universidad de Nebraska, donde mantuvo una relación amorosa con la atleta Louise Pound. Al graduarse en 1895, se instaló en Pittsburg, donde trabajó como editora para el The Home Monthly. En 1901, dejó el trabajo para dar clases de latín y griego en una escuela de secundaria. Dejando el periodismo y la enseñanza, se dedicó por completo a la literatura, estableciéndose en Nueva York con su compañera Edith Lewis, hasta su muerte.

Famosa por sus novelas en las que retrata la vida cotidiana de personajes ordinarios de los Estados Unidos, empleando para ello un lenguaje igualmente cotidiano. Su obra refleja una fuerte influencia del novelista Henry James, aunque más tarde abandonó esta influencia para centrarse en la descripción de Nebraska, lugar en el que vivió con su familia desde los nueve años, logrando el éxito entre la crítica y el público. También publicó relatos breves y ensayos literarios.

domingo, 22 de agosto de 2010

Nancy Mitford

Nancy Freeman-Mitford, (Londres, Reino Unido, 28 de noviembre de 1904 - Versalles, Francia, 30 de junio de 1973), fue una novelista y biógrafa británica.

Nacida en Londres, era la mayor de las hijas de David Freeman-Mitford, segundo barón Redesdale. Es conocida fundamentalmente por su serie de novelas sobe la vida de las clases altas en Inglaterra y Francia, muy particularmente por las cuatro obras que publicó después de 1945. Pero además de reputada novelista, también alcanzó notoriedad con unas populares y bien trabajadas biografías sobre algunas figuras históricas relevantes: Luis XIV de Francia, Madame de Pompadour, Voltaire y Federico el Grande. Es una de las famosas hermanas Mitford, y la primera en dar a conocer las características de una excéntrica familia inglesa, lo que ha generado una rentable industria que sigue produciendo beneficios en nuestros días.

También fue ensayista, y publicó en 1956 Noblesse Oblige, que ayudó a popularizar la diferenciación entre la clase alta (U') y popular (no U ) en virtud del diferente sociolecto utilizado, aunque esta diferenciación no pasaba de ser en ella una broma que ella nunca se tomaba seriamente. Ella aparece como autora del libro, pero de hecho se trató de un proyecto organizado por sus editores, ya que una de sus novelas había sido utilizado por profesor Alan Ross, el inventor de la frase, como ejemplo de los usos lingüísticos de la clase alta.
Las aptitudes de Nancy Mitford para lo cómico y el humor se ven de modo claro en sus novelas, pero también en la columna que mantenía en el London Sunday Times. Destacó como redactora de cartas y su correspondencia se ha publicado en Love from Nancy: The letters of Nancy Mitford (1993) y en The Letters of Nancy Mitford and Evelyn Waugh ' (1996). Sus cartas destacan por su humor, ironía y amplitud cultural y social.

En 1933, tras un romance sin futuro con el aristócrata homosexual escocés Hamish St Clair-Erskine, se casó con Peter Rodd, el menor de los hijos de Rennell Rodd, primer barón Rennell. Su suegro había sido embajador británico en Italia, poeta y según el historiador Neil McKenna fue en una ocasión amante de Oscar Wilde. El matrimonio estaba condenado al fracaso; su marido era propenso a las infidelidades y perdía los trabajos con facilidad. Nancy sevio obligada a asumir el control las finanzas de la familia, trabajó en una librería, y también ella fue infiel. Aunque se separaron en 1939, ambos continuaron viéndose como amigos, y Rodd utilizó su piso de París como base ocasional. Ella también ayudó económicamente a su ex-marido de modo ocasional. Se divorciaron oficialmente en 1958, aunque Nancy aparece en su sepulcro con el apellido Rodd.

El punto de inflexión en de una vida particularmente inglesa fue su relación con un político y militar francés, el coronel Gaston Palewski (jefe del gabinete del general De Gaulle), al que ella siempre llamó "el coronel", relación que se había iniciado en Londres durante la guerra. Al finalizar ésta, Nancy Mitford se trasladó a París, para estar cerca de él. Esta historia aparece reflejada en el romance entre Linda Kroesig y Fabrice de Sauveterre de su novela A la caza del amor (Libros del Asteroide, 2005). Esta relación duró hasta que su amante estableció relaciones con Violette de Talleyrand-Périgord, duquesa de Sagan, una bella aristócrata, que anteriormente había estado casada con el conde James de Pourtalés y que era nieta del magnate estadounidense del ferrocarril, Jay Gould.
Establecida en París, Nancy Mitford tenía una vida social y literaria muy completa y era visitada con frecuencia por personas de paso por la capital francesa. Tenía muchos amigos y conocidos entre la aristocracia inglesa, y también entre los no reconocidos nobles de Francia e Italia, y entre las personalidades extranjeras destacadas en la ciudad. Viajó con frecuencia. A pesar de que gran parte de su vida transcurrió en Francia, Mitford se sentía profundamente inglesa.
Nancy Mitford era una notable personalidad del mundo social parisino, vestía con elegancia y sirvió incluso de modelo para Dior o Lanvin. Su sello particular, su especial sentido "Mitford" del humor que se tan bien se ve en sus novelas y artículos de prensa fueron muy apreciados por un público selecto. Sus "bromas" se hicieron famosas, especialmente una descripción de un domingo en Roma como si fuera una aldea centrada en la iglesía. La publicación póstuma de su correspondencia ha hecho crecer su reputación.
Fue nombrada Comendadorade la Orden del Imperio Británico y Oficial de la Legión de honor en 1972. Murió víctima de la enfermedad de Hodgkin el 30 de junio de 1973 en Versalles. Sus restos fueron trasladados a Inglaterra y fue enterrada en Oxfordshire junto a sus hermanas más jóvenes, Unity, Diana y Jessica. Nancy Mitford ha sido objeto de varias biografías, las más destacadas son: Nancy Mitford: a Memoir, de Harold Acton (1976) y Nancy Mitford: A biography de Selena Hastings (1986).

Bright Star_loveletters

Que hermoso Drama que narra el romance que, en el siglo XIX, y durante tres años, mantuvieron el poeta inglés John Keats y Fanny Bawne , una intensa historia de amor trágicamente interrumpida por la repentina muerte de Keats a los 25 años. Pero tan romántica e intesa como nadie lo ha podido vivir..

domingo, 15 de agosto de 2010

Keats at Teignmouth

Keats House, Northumberland Place; which may or may not be where John Keats and his ailing brother, Tom, lodged with the Jeffrey family during his two months in Teignmouth. Houses in the area have been renumbered many times since then, and in the early nineteenth-century the street was known as the Strand. From Keats’ letters it would seem that he stayed at a corner property with a view of the river, newly built on land reclaimed from a marsh. It sounds like an uncomfortable place to spend the winter, even for a healthy person, and unlikely to enjoy the ‘very beneficial climate’ described in contemporary guidebooks

miércoles, 11 de agosto de 2010

Day Family


Sunday 18th July - Join us for a day of Family fun at the Museum. Picnic in the gardens, be creative with arts activities, follow the trails in the house, or sing and dance with Madding Crowd. Come wearing Regency dress if you wish. Normal entry fees apply. No additional charge.



lunes, 9 de agosto de 2010

Poe se queda sin rosas

Una de las más bonitas -al menos a para mi gusto- y misteriosas tradiciones de la literatura universal se venía dando en San Francisco desde el año 1949.
En cada aniversario del nacimiento de Edgar Allan Poe un desconocido dejaba tres rosas y media botella de coñac sobre la tumba del autor americano. Este sentido homenaje se había celebrado sin falta por cincuenta años, pero justo en este aniversario, el 201, nadie se acercó a dejar algo de licor junto a la fría lápida del cementerio donde descansa Poe. Se supone que cada una de las rosas es por los cuerpos enterrados allí (Poe, su suegra y su esposa Virginia) aunque poco se sabe del significado de esa botella medio vacía, a no ser del evidente significado de compartir un último trago.

Más de treinta incondicionales se habían reunido en el cementerio a la espera del homenaje, pero sus esperanzas de contemplar ese acto tan íntimo fueron desvaneciéndose a medida que pasaba la noche. Algunos de los presentes acudían a la cita desde 1977 y nunca antes había pasado algo similar: sobre las 5:30 siempre se producía la simbólica entrega. De todas formas, la gente allí reunida decidió quedarse y leer poemas y relatos de Poe durante toda la noche, pese al ambiente general de tristeza y desilusión.

Nadie sabe qué ha podido pasar, si el misterioso homenajeador ha caído enfermo, o algo peor, o es que al pasar el bicentenario ha decidido dejar de llevarle coñac y rosas al autor de obras como El barril de amontillado o El gato negro.
Finalmente, Cinthya Pelayo, que había viajado desde Chicago para la ocasión, acabó poniendo, de manera tardía, las tres rosas y la botella en la tumba, cumpliendo así la tradición y manteniendo tranquilo en su tumba al sombrío fantasma de Edgar Allan Poe.

viernes, 6 de agosto de 2010

Algunas formas de Amar. Some Ways of Love; Charlotte Mew (1869-1928)

Algunas formas de Amar (Some Ways of Love) es un relato romántico de la escritora inglesa Charlotte Mew; publicado en 1901.El relato plantea una serie de dilemas, aunque uno de ellos sobresale de los demás: La aparente antagonía entre el amor y la duda; como si ambos aspectos no pudiesen convivir dentro del amor, o dentro de las relaciones humanas.A pesar de los vicios victorianos del cuento, la elegancia de Charlotte Mew nos vuelve rápidamente indulgentes. Imaginamos a pocas escritores con la capacidad de abordar estas cuestiones desde adentro. Ella, que conoció el amor y la desdicha más aterradora, volcó en Algunas formas de amar una reflexión serena sobre el amor, y sobre la estética del amor.El suicidio nos arrebató tempranamente de sus obras.

-¿Así que deja que me marche sin una respuesta? -dijo el joven, poniéndose en pie de mala gana y cogiendo los guantes de la mesa, sin dejar de mirar a la pequeña y obstinada dama del sofá, que contemplaba su disgusto con la expresión amable y burlona de sus alegres ojos azules que tanto le trastornaba.-Le daré una respuesta si lo desea.-Preferiría mantener la esperanza... ¿me permite usted un rayo de esperanza?-Sólo un rayo -contestó riendo, con el mismo aire perturbador de indulgencia-. Pero no lo magnifique... tenemos la costumbre de magnificar los «rayos»... y no quiero que regrese, si lo hace, con un sol abrasador.-Es usted muy sincera, y un poco cruel.-Me temo que quiero ser... las dos cosas. Es mucho mejor para usted -repuso, girando los anillos alrededor de sus pequeños dedos mientras hablaba, como si estuviera ya un poco cansada de la entrevista.-Me trata como a un muchacho -exclamó él, con cierta amargura juvenil.-¡Ah! ¡La peor crueldad que se puede hacer con un muchacho! -respondió la dama, levantando los ojos hacia él y esbozando su irritante y luminosa sonrisa.Al encontrar la sombría mirada del joven, sin embargo, se detuvo; y abandonó temporalmente el tono banal de sus argumentos.-Le ruego que me perdone, capitán Henley...Él escrutó su rostro traicionero para ver si aquella petición, expresada con tanta gravedad, encerraba cierta malicia, pero las palabras que siguieron le tranquilizaron.-Le hablaré con más seriedad. Verá... sincera, quizá cruelmente... desconozco lo que siente mi corazón -pronunció tan estudiada frase sin titubear, y observó con arrepentimiento el rostro preocupado del joven mientras le asestaba el inocente golpe-. No es usted el primero. Y es posible que no sea... el último.Le costó decir aquello, a pesar de su aparente ligereza, pero él estaba demasiado absorto en sus pensamientos para percibir los matices más sutiles de su voz.-No soy tan encantadora como cree -prosiguió ella-, pero era algo inevitable. ¿Diré mejor que no soy tan encantadora como parezco? A los dieciocho años me casé... sin estar enamorada, y no pretendo insinuar que nadie me empujara a hacerlo. Mi matrimonio fue un fracaso, por supuesto. Y no quiero equivocarme de nuevo. Me repugna ayudarle a cometer un error similar. Debe perdonarme, pero confieso que me parece usted... muy joven; pues los años son algo engañoso... incluso con las mujeres.Su rostro de muchacho era incapaz de disimular su enojo.-¡Ah! Intentaba que sonriera, y está usted frunciendo el ceño. No me sentiría humillada si alguien me agraviase con las palabras que a usted tan neciamente le ofenden; pero -por suerte o por desgracia- no soy tan joven como usted. ¡Vamos, sea razonable! -dijo, con voz especialmente dulce y persuasiva-. Si desconozco lo que siente mi corazón, ¿le parece tan extraño que piense que el suyo puede cambiar? Perdóneme de nuevo si me anticipo. He oído en mis tiempos demasiados «nunca» y «para siempre» insustanciales; y ahora los evito. Me muestro más prudente al escucharlos. «Nunca», «para siempre» -repitió, y reflexionó sobre esas palabras-. A veces pienso que sólo pueden pronunciarse con seguridad en el umbral de otra vida. Me gustaría que no los empleáramos ahora. Le ruego que me conceda ese capricho.-No soy tan poco fiable, indeciso, ni posiblemente tan cínico -empezó a decir; pero ella le interrumpió con un gesto de su mano, pequeña y brillante.-Justamente! Por ese motivo, quiero prevenirle -prosiguió ella-. Es usted aún más joven de lo que creía. Me alegro... de todo corazón... de que se vaya al frente. Corte en pedazos a todos los rufianes que pueda; con un poco de pelea adquirirá una gran sabiduría, y... ¡oh, sí! ¡Sé que resulto cruel!... le hace muchísima falta. Vuelva dentro de un año con su Cruz de Victoria o sin ella; en cualquier caso, con un poco más de experiencia, y si decide regresar a mi lado -él escuchó con una mueca de dolor la repetición de aquel «si»-, prometo tratarle como a un hombre.-¿Y me dará una respuesta?-Sí -contestó ella, con repentina dulzura.-Y ¿mientras tanto?-Mientras tanto, administre con prudencia el «rayo» si lo desea, pero no lo engrandezca; y recuerde que no nos obliga a nada. Usted... nosotros -se apresuró a corregir-somos libres.-Usted es libre, por supuesto, lady Hopedene -admitió con la debida solemnidad-. Yo siempre me consideraré comprometido. Me... me gustaría que supiese que no me considero libre.-Como quiera -cedió ella, mirando con cierto regocijo su melancólico rostro.-Será mi único consuelo -señaló el joven, con profunda tristeza.-Que así sea, entonces: de eso no puedo privarle. Pero no olvide que, si la ocasión lo requiere, queda usted eximido de reaparecer ante este tribunal.Una pequeña inflexión en su voz le recordó que había llegado el momento de despedirse.-Ahora debemos decirnos adiós.-Sólo au revoir.-Se lo toma usted al pie de la letra; prefiero la vieja expresión.Y lady Hopedene se puso en pie y cogió su mano, reteniéndola un poco más de lo habitual. El joven la miró muy alterado.-¿Sólo conservaré de usted ese ceño? -preguntó ella.-Conserve esto -exclamó él, inclinándose súbitamente para besar los dedos blancos y delicados que tenía en la palma de su mano.Después se dio la vuelta deprisa, salió y cerró la puerta, dejando tras de sí el peculiar aroma de la presencia de la dama, fresco y penetrante como el aire que sopla en los prados por la mañana, más dulce y delicado que el tenue perfume que envolvía su persona. Ella se quedó inmóvil, sintiendo la partida del joven: la sonrisa con que le había despedido se había borrado de sus ojos; ahora miraban la puerta carentes de expresión.¿Habré hecho lo mejor... para él? -se preguntó-. Puede que... seguro que conoce a otra mujer con menos escrúpulos que yo. Y.. ¿es mejor para mí?Se dirigió hacia un espejo colocado entre las ventanas, y estudió con aire crítico la imagen que allí se reflejaba. Mostraba un rostro diminuto de tez delicada, bajo unos cabellos rubios e infantiles cuidadosamente ondulados; en aquellos momentos, privado de su aplomo, parecía triste y un poco pálido.-Puedo permitirme esperar un año -decidió, tras contemplarse con detenimiento unos instantes-, en cualquier caso, he seguido los dictados de mi conciencia. Mi corazón... desconozco lo que siente mi corazón -rió toda temblorosa-. ¿Cómo pudo tragarse algo tan absurdo; debería haber interpretado... ¡bah! -exclamó, haciendo un gesto con las manos que había aprendido en el extranjero, y que a veces repetía con otros ademanes muy poco ingleses-. Es demasiado joven para saber interpretar. No es justo que una mujer se aproveche de la primera fantasía de un muchacho como él. Sin duda he obrado bien.Lady Hopedene regresó al sofá y apoyó la cabeza en los cojines de vivos colores. Cuando finalmente la levantó, las lágrimas empañaban sus alegres ojos azules.

El Nubia navegaba con rumbo a Inglaterra, y sus pasajeros sufrían todas las incomodidades que suelen acompañar a una travesía por el Mar Rojo. De vez en cuando, la pintoresca figura de un marinero hindú pasaba corriendo en medio de la penumbra. Los camareros extendían colchones en la cubierta bajo un cielo estrellado. El capitán y el primer oficial acababan de sorprender un tête-á-tête que se celebraba en un tranquilo rincón del barco, y que despertó su irritación.-¿Está Henley verdaderamente enamorado de ella? -preguntó el capitán-. Porque es un asunto muy desagradable. ¡Maldita sea! La señorita Playfair está a mi cargo, y no es la primera vez que tengo problemas por una tontería semejante. Los parientes se muestran siempre muy poco razonables... incluso los parientes de los demás... pero, ¡por Júpiter!, creo que los hermosos objetos de sus desvelos son peores.-Se conocieron en la India, así que supongo que todo estará en orden -respondió secamente el primer oficial, poco dispuesto a hablar de una situación que personalmente le desalentaba.-Me alegrará ver Plymouth y el final de un cargamento tan embarazoso -exclamó el capitán, dándose media vuelta.-Moi aussi -dijo entre dientes su joven segundo.Pero los causantes de aquella breve plática no parecían compartir su sentimiento de alivio ante la perspectiva de llegar a puerto.-A pesar de este horrible calor, ¡ojalá no acabara nunca la travesía! -exclamó una voz profunda en medio de la oscuridad-. ¡Es perfecta! El mar y el cielo, este maravilloso sentimiento de soledad, como si tú y yo fuéramos los únicos habitantes de la tierra, perdidos en medio de ella. Dime -prosiguió en un tono más bajo- que desearías que no acabara nunca.-¿Qué sentido tiene que lo desee cuando insistes en que todo debe terminar cuando desembarquemos?-Quizá los dioses se compadezcan de nosotros.-¿Te refieres a que lady Hopedene puede recibirte con... frialdad?-Ella siempre es fría; un hermoso pedacito de hielo. Jamás le importé un comino, Mildred; de lo contrario, ¿no crees que algún gesto la habría traicionado?-Supongo que quería ver de qué material estabas hecho. ¿Por qué te dio la oportunidad de echarte atrás?-Sólo era una forma (sus modales son siempre encantadores) de decirme «No». Las mujeres -afirmó con enorme seriedad- no hacen experimentos con los hombres que aman.-Entonces, si esto es lo que crees, ¿por qué regresas a su lado? Sólo servirá para que te humille... -su voz, normalmente lánguida, se volvió más enérgica.-Debo hacerlo, querida; di mi palabra.-Pero ella insistió en que no te comprometieras.-Me comprometí.-Eres demasiado quijotesco. ¿Y si la encuentras con otro hombre?-Imaginemos eso -repuso él, cogiendo las manos de la joven-, la otra posibilidad me aterra, será mejor que la olvidemos. Esta noche y mañana, todavía mañana... son nuestros. Mildred...Ella se soltó.-¿Cómo vamos a olvidarla? Envenena el presente y entorpece el futuro. Convierte todo en... una farsa.-No debería habértelo contado -exclamó él, arrepentido-; de no haber sido por ese otro joven, habría esperado hasta tener mi libertad. ¿Me perdonas?-No lo sé.-Ocurra lo que ocurra, siempre serás la única mujer para mí.-Es muy posible que hayas pronunciado antes esas palabras..-No era más que un joven estúpido... y ella me lo dijo; ¡Dios mío! Ahora sé que estaba en lo cierto.-Paseemos un poco -sugirió Mildred-. Dime, ¿cómo es esa mujer?-Olvidémonos de ella -le suplicó.-Quiero saberlo.-Es muy pequeña y hermosa; extraordinariamente hermosa y ocurrente, y.. bueno, no sé cómo expresarlo, muy audaz. Fue esa audacia admirable y nada femenina lo primero que me fascinó de ella. Me impresionó por tratarse de un rasgo muy poco común; si hubiera sido un hombre, habría tenido madera de soldado. Ya ves que no fue amor, querida; empezó siendo una especie de admiración indefinida, y en eso ha vuelto a convertirse.-Se casará contigo -fue la conclusión de la joven-. Creo que la comprendo mejor que tú.-Y ¿odiarás mi recuerdo?-Sí, durante algún tiempo; y luego... luego supongo que me casaré con otro.-Si yo estuviera en tu lugar, preferiría pasar mi vida en soledad.-No es tan fácil para una mujer hablar de soledad o pensar en ella; pero yo te amo, Alan -exclamó apasionadamente.Los dos jóvenes, preocupados, se dieron las buenas noches en voz baja.

Lady Hopedene cerró el libro bruscamente, con el pequeño gesto de impaciencia aprendido en el extranjero.-Debo evitar ver a ese hombre; me resulta muy penoso.El reloj de porcelana que tenía enfrente dio las cuatro, y el sonido de las campanadas devolvió a su pensamiento la frase que se había negado a aceptar, y que se apresuró a rechazar de nuevo. Ceux qui ont encore des lendemains. Se frotó los ojos, y empujó los cojines de brillantes colores donde apoyaba intranquila la cabeza. Enmarcaban sus cabellos dorados a la perfección, pero parecían haber arrebatado el delicado rubor, antes dulcemente inalterable, a su semblante infantil. Este se veía pálido y algo demacrado.La puerta se abrió, y una voz anunció de forma mecánica:-El capitán Henley.Lady Hopedene no se levantó, y el joven avanzó hacia ella.-¡Alan! -el nombre escapó de sus labios de un modo tan intenso y repentino que fue conmovedor, incluso lastimoso oírlo. La larga sucesión de días, de semanas... la interminable espera... parecía claramente arrojada ante él, pintada en el ala de aquel inesperado grito.Y había algo más: tras él acechaba una nota de angustia, muy débil, que se enfrentaba perceptiblemente a su alegría. El joven, de manera inconsciente, retrocedió ante aquel nuevo recibimiento. No era propio de ella, ni se parecía a nada que el hubiera oído antes. Pero, en unos instantes, los ojos azules -tan extrañamente iluminados- recuperaron su vieja expresión de burlona bienvenida; y lady Hopedene le ordenó que se acercara, con el famoso gesto de su pequeña mano.-Venga aquí, maravillosa aparición; quiero asegurar mis sentidos, poner a prueba mi cordura. ¿Se trata realmente de usted?-Sin duda alguna. He venido en busca de mi respuesta -dijo breve, apresuradamente, consciente de que ella ya se la había dado, antes de pedírsela, al pronunciar su nombre de aquel modo tan sorprendente e involuntario.-Habla como si estuviera presentando una factura –exclamó ella, riendo-, y la petición suena algo imperiosa, cuando ni siquiera sabía si tendría que contestarle algún día. ¡Oh! Hay esperas muy largas, lo sé -añadió, cogiendo la mano del joven que estaba en pie a su lado-. Siéntese aquí.Lady Hopedene le hizo sitio, y miró con franqueza y seriedad su rostro algo más maduro.-¡Vaya! -dijo, echándose hacia atrás como si estuviera asustada-. ¡Es un hombre con quien he de tratar! ¿Puedo contarle un secreto, capitán Henley? -agregó con repentina y encantadora dulzura-. Me siento bastante decepcionada, pues... pues en realidad yo amaba al muchacho.-Entonces, ¿por qué jugó con él? -preguntó el joven, dominando a duras penas su amargura, y devolviéndole la mirada con decisión-. Su capricho... -le habló sin rodeos, como si no le importara, por el momento, que ella comprendiera el significado de sus palabras-, una respuesta sincera me habría ahorrado el alto precio que he pagado por su capricho.-Sabiendo tan poco, tiene derecho a reprochármelo. Se lo explicaré -respondió suavemente-. Después de todo, supongo que fue mero egoísmo, porque usted me importaba más que mi propio ser. Su felicidad era, es y siempre será, imagino, más importante que la mía.Él sintió el impulso de decirle la verdad, de contarle claramente su historia. Pues aquella mujer que había amado seguía inspirándole una sólida confianza. Sabía que era más fuerte e íntegra que las demás mujeres que había conocido, y no podía evitar creer en el alma que brillaba con tanta nitidez, directamente, en el fondo de aquellos ojos azules que le contemplaban. Es posible que hubiera cedido a ese impulso pasajero, si ella no hubiese interrumpido demasiado pronto su pensamiento vacilante.-Elegí la mentira más eficaz que se me ocurrió aquel día... ¿lo recuerda?... cuando dije que no era usted el primer hombre, ni posiblemente el último. Es usted el primero -su mirada se detuvo en el volumen amarillo que, con la llegada del capitán Henley, había resbalado por el sofá hasta caer al suelo-, y estoy segura de que será el último. Jamás me ha gustado mentir. Le suplico que perdone mi primera y única mentira.El joven no contestó, pero se puso en pie y permaneció silencioso, incómodo a su lado, resistiéndose a replicar su sinceridad con falsas protestas, sabiendo que debía hablar, buscando dolorosamente las palabras. Ella se rió, recordando cómo enmudecía a veces en el pasado, y prosiguió con cierta vacilación en su voz.-Le sorprende mi franqueza; pero mire esto -y extendió ante él una mano desnuda y marchita.-¡Qué desvalida parece! -exclamó el capitán Henley, cogiéndola dulcemente entre las suyas-. ¿Dónde están sus viejos anillos? ¿Por qué se ha desprendido de ellos?-Son ellos los que se han desprendido de mí -respondió lady Hopedene tristemente-. Quizá se haya dado cuenta usted -añadió, señalando de paso sus mejillas- de que también otros adornos me han traicionado. Antes o después, tendré que decírselo. ¿Por qué no hacerlo ahora? Mis médicos -pronunció estas palabras con fingida solemnidad, y las interrumpió con una pequeña mueca me dan un año, o tal vez menos, para las pompas y vanidades de este mundo tan encantadoramente perverso. Así que, como ve, por mero respeto, las pompas y vanidades van retirándose poco a poco a fin de preparar su salida definitiva.Abandonó su tono jocoso, y empezó a acariciar presurosa e inquieta la mano del capitán Henley. El joven agarró sus muñecas y le dirigió una mirada incrédula.-Se trata de una horrible broma. No creo que hable en serio.-Jamás hablé tan en serio como ahora.-No pretenderá decir... -incapaz de preguntar una obviedad, continuó sujetando con fuerza los pequeños dedos, balbuceante, reducido al silencio.-Sí, es cierto, tengo órdenes de partir, pero me conceden una prórroga. Un año para la conversación, la locura, la sensatez... si no fuera tan aburrida... y un año, tesoro mío, para el amor.-¡Santo D...! -gritó-. Me dejas anonadado, Ella. Estás aquí; puedo verte y oír tus palabras; pero no logro entenderlas. Parece una pesadilla. No puede ser verdad...Lady Hopedene soltó su mano y la colocó sobre el brazo del joven; y, esbozando una sonrisa para que recobrara el dominio de sí mismo, protestó:-No te enfrentas al enemigo como un soldado.-Me falta tu sangre fría -repuso él-. Seguramente otro hombre te daría tiempo o esperanzas.Ella movió la cabeza y empezó a recitar:-«Morir hoy o morir mañana, ¿acaso tenemos elección? Ningún hombre puede decir nada, una vez que los hados han hablado.» Sus ojos invitaban al capitán a mostrar valor.-Amabas tu vida mucho más que la mayoría de nosotros -dijo él, arrepintiéndose en seguida de sus palabras.-La adoraba... la adoro. No me relegues tan pronto a un tiempo pasado. No tendremos futuro ni subjuntivo, sólo presente e imperativo: Je t'aime... aime toi, par example.-Ella, por Dios -exclamó el joven-, un poco de seriedad. Ignoro cuánto tiempo hace que conoces la noticia, pero recuerda que es nueva para mí.-También es relativamente nueva para mí -sus valientes ojos azules le dirigieron una rápida mirada de censura-. ¿Acaso quieres que interprete el papel de cobarde?-No podrías -afirmó él en tono angustiado-. ¡Qué gran soldado habrías sido!-Es el cumplido más bonito, aunque también el más torpe, que me has dedicado jamás.-No es eso -respondió el joven, casi con brusquedad-. Haces que me avergüence con toda el alma; me siento como un desertor.-Los desertores están cortados por otro patrón -señaló lady Hopedene, con dulce determinación-. Nosotros no hemos nacido para volver las espaldas al destino o poner mala cara a un enemigo. Durante este año interminable (además de tedioso, he de confesar), nunca se me ocurrió pensar que me fallarías. Pensé que era posible... pero jamás temí que lo hicieras; de haber sido así, me habría enfrentado a tu deslealtad, aunque hubiera sido más difícil de arrostrar que la propia muerte.-Nunca te fallaré -declaró él con aire decidido-; y cuando el «nunca» salió de sus labios, recordó las palabras de lady Hopedene sobre el empleo de un vocablo tan trascendental; que sólo podía pronunciarse con seguridad, había afirmado ella, tal como lo había pronunciado ahora, en el umbral de la tumba. y luego se dio cuenta, súbitamente, de que aquella conversación había sido un extraño anuncio de ésta. Entonces, entre risas, habían mencionado la muerte, esperando, asimismo, que un año transcurriera pronto. Había llegado el fin de aquel sueño tan irreal. Pero él no quería contemplar su materia vacía; ella no pasaría sus últimas horas recogiendo los pétalos de un amor perdido-. No te fallaré -dijo nuevamente con vehemencia.Lady Hopedene escuchó con cierto asombro la frase que él repetía.-No dudo de tus palabras, amor mío.-No he dicho aún lo que he venido a decirte, Ella. ¿Quieres ser mi esposa?Formuló la pregunta adivinando sus consecuencias, aunque empujado por algo más grave y profundo que la compasión. Durante unos instantes, Ella guardó silencio. Había estado en pie junto al capitán Henley, pero entonces se sentó y empezó a acariciar distraídamente un cojín bordado mientras meditaba su respuesta. Finalmente contestó, pero muy lentamente, sin su celeridad acostumbrada.-El amor -exclamó-, aunque no lo recordemos a menudo, tiene un extenso vestuario. No todo el mundo puede llevar sus más ricos atavíos... y tú y yo no podemos. Alegrémonos de que nos ofrezca alguno de sus ropajes, pues, sin su caridad, iríamos desnudos. Tú y yo podemos ser compañeros, sólo eso. Es lo más sensato, el mejor pacto posible, pues los amantes terminan como jamás lo haremos nosotros. Tú vigilarás conmigo como si fuéramos dos buenos amigos, dos buenos soldados, hasta que el enemigo ataque, y sabes que atacará.-Será una fría guardia nocturna -se obligó a decir, recordando el grito con que le había recibido, y preguntándose cómo podía dominar de aquel modo sus sentimientos.-Suficientemente cálida -señaló lady Hopedene-; mucho más cálida que el amanecer que señalará su fin. ¿Te quedarás a hacer la guardia conmigo?-Haré cualquier cosa que me pidas.-Entonces te pido que aprendas a sonreír al mal tiempo, y que no tiembles todavía.Ella cogió su mano de nuevo y le llevó a la ventana; estaban encendiendo las farolas junto a la verja del parque.-Ahí fuera ha llegado la primavera; esta mañana he visto los brotes de los árboles. Los hados no han sido demasiado crueles. Nos han dejado todas las estaciones; el verano, mi estación preferida, no tardará en llegar... y tú... has venido.Él se inclinó y besó los pequeños dedos que agarraban sin fuerza los suyos.-Tu último beso ha encontrado un amigo -susurró ella-; ha pasado tanto tiempo solo en este lugar.-Dame tus anillos -dijo el capitán Henley-; haré que los adapten. Quiero que los lleves.-Sí -contestó lady Hopedene-, es estúpido renunciar a ellos. Enviaré a alguien... no, los traeré yo, si me disculpas un momento. Soltando su mano, atravesó la cada vez más oscura estancia y lo dejó solo, enfrentándose al primer gran problema de su vida.

Mildred Playfair abandonó su asiento junto a la ventana para acercarse al fuego. Estaba renovando su relación con una primavera inglesa, sin demasiadas muestras de alegría. Henley se hallaba a un paso de la repisa de la chimenea, y el movimiento de la joven los colocó frente a frente. Ella levantó sus ojos oscuros hacia él y, con la lánguida entonación que le caracterizaba, comentó:-No parece haber nada más que decir; apenas comprendo por qué has venido.-Porque me pediste que lo hiciera. Te he contado todo... te he expuesto cómo están las cosas, al menos para mí. Tal vez haya sido mejor decírtelo personalmente.-No tenías que haber esperado a que te llamara.-Quería escribirte. Pensé que sería menos doloroso para ambos. Pero no era un asunto fácil. Estaba tratando de redactar una torpe explicación cuando recibí tu carta.-¿La explicación de que ibas a renunciar a mí por una ilusión poética Y casi femenina?-No tenía elección.-No sabía que los hombres tomaran parte en esta clase de cosas. Creía que eran más... firmes y categóricos.-Hace un mes me habría creído incapaz de hacerlo; pero a veces una mujer... una mujer noble... puede transformar a un hombre, y mostrarle lo que es capaz o no de hacer.Mildred había estado calentándose las manos cerca del fuego, pero entonces se volvió, cogió de la mesa un abrecartas de la India y empezó a separar las páginas de una revista.-El hecho es que todavía amas a esa mujer.Él vaciló, sintiendo un deseo casi puritano de decir la verdad.-No del modo que insinúas. Esta semana he aprendido que existen muchas formas de amar.-Y, ¿es algo que has descubierto tú? -preguntó la joven, recorriendo con un dedo la hoja del abrecartas que tenía en la mano-. ¿Estás seguro de que no estás repitiendo una frase de ella?-Quizá. Mildred -exclamó-, me haces las cosas más difíciles de lo que son. Si pudieras ver en mi interior, sabrías que no he sido desleal... al menos contigo.Tampoco tenía la sensación de haber traicionado a la otra mujer.-Se me escapan tus complicaciones. Reconozco que no entiendo tu forma... tus «formas».-No digas eso después de haberte explicado todo. Te he pedido que me esperes, aunque tal vez no debería haberlo hecho; jamás hubiera pronunciado esas palabras si no te quisiera tanto y no tuviera tanto miedo de perderte.-Tendrías que haber sabido que nunca consentiría que fueras, tácitamente, el amante de otra mujer.-No soy su amante -señaló brevemente.-Otra sutil distinción que soy incapaz de captar.-Si pudieras ver en mi interior... -empezó a decir de nuevo; pero ella le interrumpió.-Veo lo suficiente para saber que tu corazón no es completamente mío.-¿Quieres que diga lo contrario? -preguntó Henley duramente, aunque sin amargura-. ¿Cómo puedo hacerlo ahora, después de tu negativa... sin la menor esperanza ante mí, sin otras palabras que no sean de adiós?-¡Si yo te importara, no hablarías así!-No tengo elección -repitió él.-Porque ya has elegido.-En mi corazón, en mi alma, eres la elegida.-Y, sin embargo, vuelves con la otra...-Durante un año, y posiblemente menos. ¿Por qué no puedes entenderlo? Tú y yo tenemos toda la vida por delante, pero he visto la muerte reflejada en sus ojos... y en sus labios. Una tumba se interpone entre nosotros -insistió, y terminó la frase con un matiz de tristeza en su voz-: ¿No te parece suficiente?-Es invisible -replicó la joven-, así que no me culpes si no puedo verla. Lo único que puedo ver es que una mujer, o su sombra, se interpone entre nosotros.-¿Son éstas tus últimas palabras? -preguntó él, deseando casi que lo fueran, consciente de lo poco que habían servido las anteriores... que no habían aclarado nada ni les habían brindado el menor alivio.-No -le interrumpió bruscamente Mildred, despojándose malhumorada de su frialdad y de su calma, como si fueran prendas de vestir que le pesaran demasiado-, mis últimas palabras son que te quiero, Alan, y que, como tú mismo has reconocido, me perteneces -la joven cruzó la habitación y se arrojó en sus brazos-. No puedo dejar que te marches y voy a impedirlo.El la acogió con una breve y familiar exclamación de bienvenida, y la estrechó contra su pecho unos segundos; después la soltó, y apoyó una de sus manos en los cabellos oscuros y ligeramente despeinados de la muchacha.-Me esperarás, ¿verdad?El capitán Henley dijo sencillamente lo primero que pensó; pero, al escuchar sus palabras, Mildred se alejó de un salto.-No, eso no... eso no.-Entonces ¿qué? -preguntó desconcertado-. ¿No vas a confiar en mí?-Esa mujer confió en ti -exclamó la joven, dejando escapar a través de sus labios, en aquel momento de confusión, el recuerdo que se había cernido sobre ellos en un par de ocasiones-. Esa mujer te dejó marchar; y, aunque no lo sepa, tú le has fallado, o al menos eso dices; lo cierto es que no sé qué creer de ti.-Tienes razón -respondió él-. Dios sabe que le he fallado; tienes razón.-Hazme una promesa en señal de que no me fallarás.-¿Qué promesa? -inquirió, antes de añadir con vehemencia-:Cualquiera, cualquiera que yo pueda hacer...-La única creíble -afirmó-, quédate conmigo.Él se detuvo... perplejo, vacilante, herido; sopesando una segunda elección. ¿A cuál de las dos mujeres debía más? Mientras seguía allí indeciso, las veía ante sí pidiéndole que no les fallara. Una de ellas más lejana, diminuta y frágil, una imagen llena de belleza que se desvanecía como si la vida se le escapara; la otra, a su lado, fuerte, hermosa, nítida y querida, pisando con firmeza los peldaños de la juventud. El contraste físico le causó una profunda impresión, aunque no fue eso lo que hizo que sus pensamientos en pugna se decidieran. Fue una frase, pronunciada dulcemente por una animosa voz que salía de una estancia mucho más difusa para él que aquella en la que se encontraba: «Nosotros no hemos nacido para volver las espaldas al destino o poner mala cara a un enemigo».Con estas palabras resonando en sus oídos se enfrentó al enemigo que tenía ante él llenándole silenciosamente de reproches.-¿No vas a confiar en mí? -preguntó de nuevo, con una humildad que no habría pasado desapercibida a un corazón menos joven.-No puedo -repuso Mildred, con obstinación.Él miró sus ojos oscuros e inflexibles, y percibió en ellos una realidad implacable.La mujer que había impuesto esa realidad no pudo oír su respuesta; ella la habría entendido.-Y yo -se limitó a decir, con un dolor que trascendía la exaltación del momento-, no puedo quedarme.


Charlotte Mew (1869-1928)

domingo, 25 de julio de 2010

84 Charing Cross Road, Helen Hanff

En octubre de 1949, Helene Hanff, una joven escritora desconocida, envía una carta desde Nueva York a Marks & Co., la librería situada en el 84 de Charing Cross Road, en Londres. Apasionada, maniática, extravagante y muchas veces sin un duro, la señorita Hanff le reclama al librero Frank Doel volúmenes poco menos que inencontrables que apaciguarán su insaciable sed de descubrimientos. Veinte años más tarde, continúan escribiéndose, y la familiaridad se ha convertido en una intimidad casi amorosa. Esta correspondencia excéntrica y llena de encanto es una pequeña joya que evoca, con infinita delicadeza, el lugar que ocupan en nuestra vida los libros... y las librerías. 84, Charing Cross Road pasó casi inadvertido en el momento de su publicación, pero desde la década de los setenta se ha convertido en un verdadero libro de culto a ambos lados del Atlántico.


jueves, 22 de julio de 2010

La Libreria de Penelope Fitzgerald

Una de las últimas novedades de Impedimenta es "La Librería" escrita por Penélope Fitzgerald. Esta novela no es en sí una novedad novedad ya que fue editada en 1978 siendo finalista del Booker Prize. Su autora es Penélope Fitzgerald. ¿Y quién es? Se preguntarán ustedes. Se trata de una autora inglesa nacida en 1916 y muerta en 2000. Muchos críticos la han comparado con Jane Austen y es muy cierto que, al menos, en esta novela hay una atmósfera que recuerda un poco a las novelas de ella. No obstante, creemos que también tiene un poco de Rosamunde Pilcher al suceder su historia en un pequeño pueblo de la campiña inglesa, atmósfera que le da un toque netamente inglés. Esta novela, "La Librería", es la primera que leemos de ella y nos ha encantado. Es una novela deliciosa sobre todo si aman los libros ya que, de una forma u otra, estos son los auténticos protagonistas de la misma. Se desarrolla en un pequeño pueblo inglés llamado Hardbourough al que llega un buen día de 1959 Florence Green dispuesta a abrir una librería en una vieja casa: Old House. Un viejo caserón con fantasmas incluidos. Tanto la llegada de Florence como su idea de abrir una librería sacuden a todo el pueblo, habrá quién recibirá la idea encantados pero los habrá también que la rechazarán y creerán que Florence se ha vuelto loca por querer hacer tal cosa. Pero ella no se da por vencida, ayudada por los Scouts Marineros (una división de los Boys Scouts) pondrá a punto el viejo caserón y empezará a vender sus libros. También contará con la ayuda de Christine, una niña de 11 años a la que contrata y es la que le ayuda cada tarde al salir del colegio. Christine es de las que no se callan y le va dando ideas para mejorar las ventas. Poco a poco, la gente de Hardbourugh va acudiendo a su librería, pero Florence no se queda ahí. Un buen día decide que también sería estupendo dedicar un ala de la misma a Biblioteca, así que la abre. El argumento de la novela gira, por lo tanto, entorno a Florence y a su librería. Nos ha gustado muchísimo este personaje y podemos sentirnos bastante identificados con ella puesto que muchos de nosotros compartimos su amor por los libros y sus ganas de contagiarlo al resto de los personas con la que tratamos . Pese a las dificultades que va teniendo, pese a sus esfuerzos , llega un momento en el que la librería no genera beneficios, pero ella aguanta. Aconsejada por un amigo, con valentía pondrá a la venta la famosa "Lolita" de Nabokov. Al principio no sabe qué hacer, la novela acaba de ser publicada y las críticas son para todos los gustos ( ya sabemos de qué va) Debemos tener en cuenta que estamos en 1959 y, aunque la sociedad inglesa no era tan conservadora como la española del momento, no a toda ella le convence esta novela; pero Florence se anima y le concede un lugar privilegiado en su librería. Ello hace que las ventas aumenten, hayan colas en la calle y dentro, con la consiguiente molestia para los usuarios de la biblioteca que empiezan a protestar. Novela finalista del Booker Prize, La librería es una delicada aventura tragicómica, una obra maestra de la entomología librera. Es una deliciosa lectura.

miércoles, 7 de julio de 2010

Minstrelsy of the Scottish Border. Sir Walter Scott:

Así, para calmar el dolor del cacique,
lejos de la doncella que tanto ama,surge la canción,
y suave y lenta que le parecía estar escuchando los suspiros de ella.
La forma nacarada de esa sirena era más blanca que el sedoso rocío y sobre su
pecho brillan sus rubios tirabuzones.
Nacida en la espuma de una ola,alcanzó la predestinada proa,
abrazó fuerte al bravo cacique y saltó con él en busca de las profundidades.

Sir Walter Scott, primer Baronet (Edimburgo 15 de agosto de 1771 - Abbotsford, 21 de septiembre de 1832). Fue un prolífico escritor del Romanticismo inglés, especializado en novelas históricas, género que creó él tal y como lo conocemos hoy, además de poeta y editor escocés; conocido en toda Europa en su época. En cierto sentido, Scott fue el primer autor que tuvo una verdadera carrera internacional en su tiempo, con muchos lectores contemporáneos en Europa, Australia, y Norteamérica.
Sus novelas históricas y, en menor medida, su poesía, aún se leen, pero hoy es menos popular de lo que fue en la cumbre de su éxito. A pesar de ello, muchas de sus obras aún son clásicos en la literatura inglesa y específicamente escocesa. Algunos de sus títulos más famosos son Ivanhoe, Rob Roy, The Lady of the Lake, Waverley y The Heart of Midlothian.

martes, 29 de junio de 2010

Las cartas de Jane Austen

Un modo de conocer la vida de un autor, es a través de su correspondencia. Jane Austen escribió muchas cartas a familiares, amigos y especialmente a su hermana Cassandra. Muchas de estas cartas no han sobrevivido el paso del tiempo o fueron simplemente, destruidas por Cassandra. En 1884, el baron Brabourne, hijo de la sobrina de Jane, Fanny Knight, editó las cartas, con una dedicatoria a la Reina Victoria.

jueves, 24 de junio de 2010

La Prueba de Amor. "The Trivial of Love, Mary Wollstonecraft Shelley"

Después de conseguir el permiso de la priora para salir unas horas, Angeline, interna en el convento de Santa Anna, en la pequeña ciudad lombarda de Este, se puso en camino para hacer una visita. La joven vestía con sencillez y buen gusto; su faziola le cubría la cabeza y los hombros, y bajo ella brillaban sus grandes ojos negros, extraordinariamente hermosos. Quizá no fuera una belleza perfecta; pero su rostro era afable, noble y franco; y tenía una profusión de cabellos negros y sedosos, y una tez blanca y delicada, a pesar de ser morena. Su expresión era inteligente y reflexiva; parecía estar en paz consigo misma, y era ostensible que se sentía profundamente interesada, y a menudo feliz, con los pensamientos que ocupaban su imaginación. Era de humilde cuna: su padre había sido el administrador del conde de Moncenigo, un noble veneciano; y su madre había criado a la única hija de éste. Los dos habían muerto, dejándola en una situación relativamente desahogada; y Angeline era un trofeo que buscaban conquistar todos los jóvenes que, sin ser nobles, gozaban de buena posición; pero ella vivía retirada en el convento y no alentaba a ninguno.Llevaba muchos meses sin abandonar sus muros; y sintió algo parecido al miedo cuando se encontró en medio del camino que salía de la ciudad y ascendía por las colinas Euganei hasta Villa Moncenigo, su lugar de destino. Conocía cada palmo del camino. La condesa de Moncenigo había muerto al dar a luz su segundo hijo y, desde entonces, la madre de Angeline había residido en la villa. La familia estaba formada por el conde, que, salvo algunas semanas de otoño, estaba siempre en Venecia, y sus dos hijos. Ludovico, el primogénito, había sido enviado en edad temprana a Padua para recibir una buena educación; y sólo vivía en la villa Faustina, cinco años menor que Angeline.Faustina era la criatura más adorable del mundo: a diferencia de los italianos, tenía los ojos azules y risueños, la tez luminosa y los cabellos color caoba; su figura ágil, esbelta y nada angulosa recordaba a una sílfide; era muy bonita, vivaz y obstinada, y tenía un encanto irresistible que empujaba a todos a ceder alegremente ante ella. Angeline parecía su hermana mayor: se ocupaba de ella y le consentía todos los caprichos; una palabra o una sonrisa de Faustina lo podían todo. «La quiero demasiado -decía a veces-, pero soportaría cualquier cosa antes que ver una lágrima en sus ojos.» Era propio de Angeline no expresar sus sentimientos; los guardaba en su interior, donde crecían hasta convertirse en pasiones. Pero unos excelentes principios y la devoción más sincera impedían que la joven se viera dominada por ellas.Angeline se había quedado huérfana tres años antes, cuando había muerto su madre, y Faustina y ella se habían trasladado al convento de Santa Anna, en la ciudad de Este; pero un año más tarde, Faustina, que entonces tenía quince años, había sido enviada a completar su educación a un famoso convento de Venecia, cuyas aristocráticas puertas estaban cerradas a su humilde compañera. Ahora, a los diecisiete años, después de finalizar sus estudios, había vuelto a casa; y se disponía a pasar los meses de septiembre y octubre en Villa Moncenigo con su padre. Los dos habían llegado aquella misma noche, y Angeline había salido del convento para ver y abrazar a su amiga del alma.Había algo muy maternal en los sentimientos de Angeline; cinco años es una diferencia considerable entre los diez y los quince años, y muy grande entre los diecisiete y los veintidós.«Mi querida niña -pensaba Angeline, mientras iba andando-, debe de haber crecido mucho, e imagino que estará más hermosa que nunca. ¡Qué ganas tengo de verla, con su dulce y pícara sonrisa! Me gustaría saber si ha encontrado a alguien que la mimara tanto como yo en su convento veneciano... alguien que asumiera la responsabilidad de sus faltas y que le consintiera sus caprichos. ¡Ah, aquellos días no volverán! Ahora estará pensando en el matrimonio... Me pregunto si habrá sentido algo parecido al amor -suspiró-. Pronto lo sabré... estoy segura de que me lo contará todo. Ojalá pudiera abrirle mi corazón... detesto tanto secreto y tanto misterio; pero he de cumplir mi promesa, y dentro de un mes habrá acabado todo... dentro de un mes conoceré mi destino. ¡Dentro de un mes! ¿Lo veré a él entonces? ¿Volveré a verlo algún día? Pero será mejor que olvide todo eso y piense únicamente en Faustina... ¡mi dulce y entrañable Faustina!»Angeline subía lentamente la colina cuando oyó que alguien la llamaba; y en la terraza que dominaba el camino, apoyada en la balaustrada, se hallaba la querida destinataria de sus pensamientos, la bonita Faustina, la pequeña hada... en la flor de la vida, sonriendo de felicidad. Angeline sintió un cariño aún mayor por ella.No tardaron en abrazarse; Faustina reía con ojos chispeantes, y empezó a contarle todo lo sucedido en aquellos dos años, y se mostró obstinada e infantil, aunque tan encantadora y cariñosa como siempre. Angeline la escuchó con alegría, contemplando extasiada y en silencio los hoyuelos de sus mejillas, el brillo de sus ojos y la gracia de sus ademanes. No habría tenido tiempo de contarle su historia aunque hubiese querido, Faustina hablaba tan deprisa...-¿Sabes, Angelinetta mía -exclamó-, que me casaré este invierno?-Y ¿quién será tu señor esposo?-Todavía no lo sé; pero lo encontraré en el próximo carnaval. Debe ser muy noble y muy rico, dice papá; y yo digo que debe ser muy joven, tener buen carácter y dejarme hacer lo que yo quiera, como siempre has hecho tú, querida Angeline.Finalmente, Angeline se levantó para despedirse. A Faustina no le agradó que se marchara -quería que pasara la noche con ella-, y señaló que enviaría a alguien al convento para conseguir permiso de la priora. Pero Angeline, sabiendo que esto era imposible, estaba decidida a irse y convenció a su amiga de que la dejara partir. Al día siguiente, Faustina visitaría personalmente el convento para ver a sus antiguas amistades, y Angeline podría regresar con ella por la noche si lo permitía la priora. Una vez discutido este plan, las dos jóvenes se separaron con un abrazo; y, mientras bajaba con paso ligero, Angeline levantó la mirada y vio cómo Faustina, muy sonriente, le decía adiós con la mano desde la terraza. Angeline estaba encantada con su amabilidad, su hermosura, la animación y viveza de su conducta y de su conversación. Faustina ocupó al principio todos sus pensamientos, pero, en una curva del camino, cierta circunstancia le trajo otros recuerdos. «¡Oh, qué feliz seré si él demuestra haberme sido fiel! -pensó-. ¡Con Faustina e Ippolito, será como vivir en el Paraíso!»Y luego rememoró cuanto había ocurrido en los dos últimos años. Del modo más breve posible, seguiremos su ejemplo.Cuando Faustina partió para Venecia, Angeline se quedó sola en el convento. Aunque era una persona retraída, Camilla della Toretta, una joven dama de Bolonia, se convirtió en su mejor amiga. El hermano de Camilla vino a visitarla, y Angeline la acompañó al locutorio para recibirlo. Hipólito se enamoró desesperadamente de ella, y consiguió que Angeline le correspondiera. Todos los sentimientos de la joven eran sinceros y apasionados; sin embargo, sabía atemperarlos, y su conducta fue irreprochable. Hipólito, por el contrario, era impetuoso y vehemente: la amaba ardientemente y no podía tolerar que nada se opusiera a sus deseos. Decidió contraer matrimonio, pero, como pertenecía a la nobleza, temía la desaprobación de su padre. Mas era necesario pedir su consentimiento; y el anciano aristócrata, presa del temor y de la indignación, llegó a Este, dispuesto a adoptar cualquier medida que separase para siempre a los dos enamorados. La dulzura y la bondad de Angeline mitigaron su cólera, y el abatimiento de su hijo le movió a compasión. Desaprobaba el matrimonio, pero comprendía que Hipólito deseara unirse a tanta hermosura y gentileza. Pero después pensó que su hijo era muy joven y podía cambiar de parecer, y se reprochó a sí mismo haber dado tan fácilmente su consentimiento. Por ese motivo llegó a un compromiso: les daría su bendición un año más tarde, siempre que la joven pareja se comprometiera, con el más solemne juramento, a no verse ni escribirse durante ese intervalo. Quedó sobreentendido que sería un año de prueba; y que no habría ningún compromiso hasta que éste expirara, y si permanecían fieles, su constancia sería premiada. No hay duda de que el padre creía, e incluso esperaba, que, en aquel período de ausencia, los sentimientos de Hipólito cambiarían, y que éste entablaría una relación más conveniente.Arrodillados ante una cruz, los dos enamorados prometieron un año de silencio y de separación; Angeline, con los ojos iluminados por la gratitud y la esperanza; Hipólito, lleno de rabia y desesperación por aquella interrupción de su felicidad, que jamás habría aceptado si Angeline no hubiera empleado todas sus dotes de persuasión y de mando para convencerlo; pues la joven había afirmado que, a menos que obedeciera a su padre, ella se encerraría en su celda, y se convertiría voluntariamente en una prisionera, hasta que terminara el tiempo prescrito. De modo que Hipólito prestó juramento e inmediatamente después partió hacia París.Faltaba sólo un mes para que expirara el año, y no es de extrañar que los pensamientos de Angeline pasaran de su dulce Faustina al destino que la esperaba. Además del voto de ausencia, habían prometido mantener su compromiso y cuanto se relacionaba con él en el más profundo secreto durante ese período. Angeline accedió de buena gana (pues su amiga se hallaba lejos) a guardar silencio hasta que transcurriera el año; pero Faustina había regresado, y ella sentía el peso de aquel secreto en su conciencia. Pero no importaba: tenía que cumplir su palabra.Ensimismada en sus pensamientos, había llegado al pie de la colina y empezaba a subir la ladera que conducía a la ciudad de Este cuando en los viñedos que bordeaban un lado del camino oyó un ruido... de pisadas... y una voz conocida que pronunciaba su nombre.-¡Virgen Santa! ¡Hipólito! -exclamó-. ¿Es ésta tu promesa?-Y ¿es éste tu recibimiento? -respondió él en tono de reproche-. ¡Qué cruel eres! Como no soy lo bastante frío para seguir alejado... como este último mes ha durado una intolerable eternidad, te alejas de mí... deseas que me vaya. Son ciertos, entonces, los rumores... ¡amas a otro! ¡Ah! Mi viaje no será en vano... descubriré quién es y me vengaré de tu falsedad.Angeline le lanzó una mirada de asombro y desaprobación; pero guardó silenció y prosiguió su camino. Tenía miedo de romper su juramento, y que la maldición del cielo cayera sobre su unión. Decidió que nada le induciría a decir otra palabra; si seguía fiel a la promesa, perdonarían a Hipólito por haberla incumplido. Caminó muy deprisa, sintiéndose alegre y desgraciada al mismo tiempo... aunque esto no es exacto... lo que le embargaba era una felicidad sincera, absorbente; pero temía en cierto modo la cólera de su amado, y sobre todo las terribles consecuencias que podría tener la ruptura de su solemne voto. Sus ojos resplandecían de amor y de dicha, pero sus labios parecían sellados; y, resuelta a no decir nada, escondió el rostro bajo su faziola, para que él no pudiera verlo, y continuó andando con la vista clavada en el suelo. Loco de ira, vertiendo torrentes de reproches, Hipólito se mantuvo a su lado, ora reprochándole su infidelidad, ora jurando venganza, o describiendo y elogiando su propia constancia y su amor inalterable. Era un tema muy grato, aunque peligroso. Angeline tuvo la tentación de decirle más de mil veces que sus sentimientos no habían cambiado; pero logró reprimir ese deseo y, cogiendo el rosario en sus manos, empezó a rezar. Se acercaban a la ciudad y, consciente de que no podría convencerla, Hipólito decidió finalmente alejarse de ella, afirmando que descubriría a su rival, y se vengaría por su crueldad e indiferencia. Angeline entró en el convento, corrió a su celda y, poniéndose de rodillas, pidió a Dios que perdonara a su amado por romper la promesa; luego, radiante de felicidad por la prueba que él le había dado de su constancia, y recordando lo poco que faltaba para que su dicha fuera perfecta, apoyó la cabeza en sus brazos y se sumió en una especie de ensueño celestial. Había librado una amarga lucha resistiéndose a las súplicas del joven, pero sus dudas se habían disipado: él le había sido fiel y, en la fecha acordada, vendría a buscarla; y ella, que durante aquel largo año le había amado con ferviente, aunque callada, devoción, ¡se vería recompensada! Se sentía segura... agradecida al cielo... feliz. ¡Pobre Angeline!Al día siguiente, Faustina fue al convento: las monjas se apiñaron a su alrededor. «Quanto é bellina», exclamó una. «E tanta carina!», dijo otra. «S’é fatta la sposina?»... ¿Está ya prometida en matrimonio?, preguntó una tercera. Faustina respondía con sonrisas y caricias, bromas inocentes y risas. Las monjas la idolatraban; y Angeline estaba a su lado, admirando a su encantadora amiga y disfrutando de los elogios que le prodigaban. Finalmente, Faustina tuvo que partir; y Angeline, tal como habían previsto, consiguió permiso para acompañarla.-Puedes ir a la villa con Faustina, pero no quedarte allí a pasar la noche -señaló la priora, pues iba en contra de las reglas del convento.Faustina suplicó, protestó y consiguió, mediante halagos, que dejara regresar a su amiga al día siguiente. Entonces iniciaron el regreso juntas, acompañadas de una vieja criada, una especie de señora de compañía. Mientras andaban, un caballero las adelantó a caballo.-¡Qué guapo es! -exclamó Faustina-. ¿Quién será?Angeline se puso roja como la grana, pues se dio cuenta de que era Hipólito. Él pasó a gran velocidad, y no tardaron en perderlo de vista. Estaban subiendo la ladera, y ya casi divisaban la villa, cuando les alarmó oír toda clase de gritos, berridos y bramidos, como si unas bestias salvajes o unos locos, o todos a la vez, hubieran escapado de sus guaridas y manicomios. Faustina palideció; y pronto su amiga estuvo tan asustada como ella, pues vio un búfalo, escapado de su yugo, que se lanzaba colina abajo, llenando el aire de rugidos, perseguido por un grupo de contadini chillando y dando alaridos... y enfilaba directamente hacia las dos amigas. La anciana acompañanta exclamó: «O, Gesu Maria!» y se tiró al suelo. Faustina lanzó un grito desgarrador y cogió a Angeline por la cintura; ésta se puso delante de su aterrorizada amiga, dispuesta a afrontar ella todo el peligro para salvarla... y el animal se acercaba. En ese momento, el caballero bajó galopando la ladera, adelantó al búfalo y dándose media vuelta, se enfrentó al animal salvaje con valentía. Con un bramido feroz, la bestia se desvió bruscamente a un lado y cogió un sendero que salía a la izquierda; pero el caballo, despavorido, se encabritó, arrojó el jinete al suelo y huyó a galope tendido colina abajo. El caballero quedó tendido en el suelo, completamente inmóvil.Le llegó entonces el turno de gritar a Angeline; y ella y Faustina corrieron angustiadas hacia su salvador. Mientras esta última le daba aire con el enorme abanico verde que llevan las damas italianas para protegerse del sol, Angeline se apresuró a ir a buscar agua. A los pocos minutos, el color volvió a las mejillas del joven, que abrió los ojos; y entonces vio a la hermosa Faustina e intentó levantarse. Angeline apareció en ese instante y, ofreciéndole agua en una calabaza, la acercó a sus labios. Él apretó su mano, y ella la retiró. Fue entonces cuando la anciana Caterina, extrañada de aquel silencio, empezó a mirar a su alrededor y, al ver que sólo estaban las dos jóvenes inclinadas sobre un hombre en el suelo, se levantó y fue a reunirse con ellas.-¡Se está usted muriendo! -exclamó Faustina-. Me ha salvado la vida y se ha matado por ello.Hipólito trató de sonreír.-No, no me estoy muriendo -dijo-, pero estoy herido.-¿Dónde? ¿Cómo? -gritó Angeline-. Mi querida Faustina, enviemos a buscar un carruaje y llevémoslo a la villa.-¡Oh, sí! -repuso Faustina-. Vamos, Caterina, corre... dile a papá lo ocurrido... que un joven caballero se ha matado por salvarme la vida.-No me he matado -le interrumpió Hipólito-; sólo me he roto el brazo y, tal vez, la pierna.Angeline adquirió una palidez cadavérica y se dejó caer al suelo.-Pero morirá antes de que consigamos ayuda -afirmó Faustina-; esa estúpida Caterina es más lenta que una tortuga.-Iré yo a la villa -exclamó Angeline-, Caterina se quedará contigo y con Ip... Buon Dio! ¿Qué estoy diciendo?Se alejó presurosa y dejó a Faustina abanicando a su amado, que volvió a sentirse muy débil. En seguida se dio la alarma en la villa, el señor Conde envió a buscar un médico y ordenó que sacaran un colchón, entre cuatro hombres, para ir en ayuda de Hipólito. Angeline se quedó en la casa; por fin pudo abandonarse a sus sentimientos y llorar amargamente, abrumada por el miedo y el dolor.-¿Oh, por qué rompería su promesa para ser castigado? ¡Ojalá pudiera yo expiar su culpa! -se lamentó.No tardó, sin embargo, en recobrar el ánimo; y, cuando entraron con Hipólito, le había preparado la cama y había cogido las vendas que había creído necesarias. Pronto llegó el médico; y vio que el brazo izquierdo estaba claramente roto, pero que la pierna no había sufrido más que una contusión. Entonces redujo la fractura, sangró al paciente y, dándole una pócima para serenarlo, ordenó que estuviera tranquilo. Angeline pasó toda la noche a su lado, pero Hipólito durmió profundamente y no se dio cuenta de su presencia. Jamás lo había amado tanto. Comprendió que su desgracia, sin duda fortuita, hacía honor al cariño que sentía por ella, y contempló su hermoso rostro, apaciblemente dormido.«¡Que el cielo guarde al amante más leal que jamás haya bendecido las promesas de una joven», pensó.A la mañana siguiente, Hipólito se despertó sin fiebre y muy animado. La herida de la pierna apenas le dolía, y quería levantarse; recibió la visita del médico, quien le rogó que guardara cama un día o dos para evitar una infección, y le aseguró que se curaría antes si obedecía sus órdenes sin reservas. Angeline pasó el día en la villa, pero no volvió a verlo. Faustina no dejó de hablar de su valentía, heroísmo y simpatía. Ella era la heroína de la historia. El caballero había arriesgado su vida por ella; era ella a quien había salvado. Angeline sonrió un poco ante su egotismo y pensó que se sentiría humillada si le contaba la verdad; así que guardó silencio. Por la noche, se vio obligada a regresar al convento; ¿entraría a despedirse de Hipólito? ¿Era correcto? ¿No significaba romper su promesa? Y, sin embargo, ¿cómo resistirse a hacerlo? Así, pues, entró en la habitación y se acercó sigilosamente a él; Hipólito oyó sus pasos, levantó ilusionado la mirada y sus ojos reflejaron cierta decepción.-¡Adiós, Hipólito! -dijo Angeline-. He de volver al convento. Si empeoras, ¡Dios nos libre!, vendré a cuidarte y atenderte, y moriré contigo; si te restableces, como parece ser la voluntad divina, antes de un mes te daré las gracias como mereces. ¡Adiós, querido Hipólito!-¡Adiós, querida Angeline! Cuanto piensas es bueno y justo, y tu conciencia lo aprueba: no temas por mí. Siento mi cuerpo lleno de salud y de vigor, y, puesto que tú y tu dulce amiga están a salvo, ¡benditas sean las incomodidades y los dolores que sufro! ¡Adiós! Pero espera, Angeline, tan sólo unas palabras... mi padre, según he oído, se llevó a Camilla de vuelta a Bolonia el año pasado... ¿ustedes se escriben, tal vez?-Te equivocas, Hipólito; de acuerdo con los deseos del Marqués, no hemos intercambiado ninguna carta.-Has obedecido tanto en la amistad como en el amor... ¡qué bondadosa eres! Pero yo también quiero que me hagas una promesa... ¿la cumplirás con la misma firmeza que la de mi padre?-Si no va en contra de nuestro voto...-¡De nuestro voto!. ¡Pareces una novicia! ¿Acaso nuestros votos tienen tanto valor? No, no va en contra de nuestro voto; sólo te pido que no escribas a Camilla o a mi padre, ni dejes que este accidente llegue a sus oídos. Les inquietaría inútilmente... ¿me lo prometes?-Te prometo que no les enviaré ninguna carta sin tu permiso.-Y yo confío en que serás fiel a tu palabra, de igual modo que lo has sido a tu promesa. Adiós, Angeline. ¡Cómo! ¿Te vas sin un beso?La joven se apresuró a salir del cuarto para no ceder a la tentación; pues acceder a aquella demanda habría sido un quebrantamiento mucho mayor de su promesa que cualquiera de los ya perpetrados.Regresó a Este, preocupada y, sin embargo, alegre; convencida de la lealtad de su amado y rezando fervorosamente para que no tardara en recuperarse. Durante varios días acudió regularmente a Villa Moncenigo para preguntar por su salud, y se enteró de que el joven mejoraba poco a poco; finalmente, le comunicaron que Hipólito tenía permiso para abandonar su habitación. Faustina le dio la noticia, con los ojos brillantes de alegría. Hablaba sin cesar de su caballero, así le llamaba, y de la gratitud y admiración que sentía por él. Lo había visitado a diario acompañada de su padre, y siempre tenía alguna nueva historia que contar sobre su ingenio, elegancia y amables cumplidos. Ahora que él podía reunirse con ellos en la sala, se sentía doblemente feliz. Después de recibir esa información, Angeline renunció a sus visitas diarias, ya que corría el peligro de encontrarse con su amado. Enviaba todos los días a alguien y tenía noticias de su restablecimiento; y todos los días recibía un mensaje de su amiga, invitándola a Villa Moncenigo. Pero ella se mantuvo firme: sentía que obraba bien. Y, aunque temía que él estuviera enfadado, sabía que trascurridos quince días -lo que quedaba del mes- podría expresarle sus verdaderos sentimientos; y, como él la amaba, la perdonaría en seguida. No llevaba ningún peso en el corazón, nada que no fuera gratitud y alegría.Todos los días, Faustina le suplicaba que fuera y, aunque sus ruegos se volvieron cada vez más apremiantes, Angeline siguió dándole excusas. Una mañana su joven amiga entró atropelladamente en su celda para llenarla de reproches y mostrarle su extrañeza por su ausencia. Angeline se vio obligada a prometer que la visitaría; y entonces se interesó por el caballero, a fin de descubrir cuál era la mejor hora para evitar su encuentro. Faustina se sonrojó... un adorable rubor se extendió por todo su rostro mientras exclamaba:-¡Oh, Angeline! ¡Quiero que vengas por él!Angeline enrojeció a su vez, temiendo que Hipólito hubiera traicionado su secreto, y se apresuró a decir:-¿Te ha dicho algo?-Nada -respondió alegremente su amiga-; por eso te necesito. ¡Oh, Angeline! Papá me preguntó ayer si Hipólito me gustaba, y añadió que, si su padre lo aprobaba, no veía ninguna razón por la que no pudiéramos casarnos. Tampoco yo... pero ¿me querrá él? Oh, si no me ama, no dejaré que se hable del asunto, ni que pregunten a su padre... ¡no me casaría con él por nada del mundo!Y los ojos de la delicada joven se llenaron de lágrimas, y se arrojó a los brazos de Angeline.«Pobre Faustina -pensó su amiga-, ¿seré yo la causante de su sufrimiento?»Y empezó a acariciarla y a besarla con palabras cariñosas y tranquilizadoras. Faustina prosiguió. Estaba convencida, dijo, de que Hipólito la amaba. Angeline se sobresaltó al oír su nombre así pronunciado por otra mujer; y palideció y se estremeció mientras se esforzaba por no traicionarse a sí misma. El joven no daba demasiadas muestras de amor, pero parecía tan feliz cuando ella entraba, e insistía tanto en que se quedara... y luego sus ojos...-¿En alguna ocasión te ha dicho algo de mí? -inquirió Angeline.-No... ¿por qué iba a hacerlo? -replicó Faustina.-Me salvó la vida -contestó su amiga, ruborizándose.-¿De veras? ¿Cuándo? ¡Oh, sí, ahora lo recuerdo! Sólo pensaba en mí; pero lo cierto es que tu peligro fue tan grande... no, más grande, pues me protegiste con tu cuerpo. Mi amiga del alma, no soy una desagradecida, aunque Hipólito me vuelva tan olvidadiza...Todo esto sorprendió, mejor dicho, dejó estupefacta a Angeline. No dudó de la fidelidad de su amado, pero temió por la felicidad de su amiga, y cualquier idea que se le ocurría daba paso a ese sentimiento... Prometió visitar a Faustina aquella misma tarde.Y ahí está de nuevo, subiendo lentamente la colina, con el corazón encogido a causa de Faustina, confiando en que su amor repentino y no correspondido no comprometa su felicidad futura. Al doblar una curva, cerca de la villa, oyó que la llamaban; y, cuando levantó los ojos, volvió a contemplar, asomado a la balaustrada, el rostro sonriente de su hermosa amiga; e Hipólito estaba junto a ella. El joven se sobresaltó y dio un paso atrás cuando sus miradas se encontraron. Angeline había ido decidida a ponerle en guardia, y estaba ideando el mejor modo de explicarle las cosas sin comprometer a su amiga. Fue una labor inútil; cuando entró en el salón, Hipólito se había marchado, y no volvió a aparecer.«No querrá romper su promesa», pensó Angeline.Pero se quedó terriblemente angustiada por su amiga, y muy confusa. Faustina sólo podía hablar de su caballero. Angeline estaba llena de remordimientos, y no sabía qué hacer. ¿Debía revelar la situación a su amiga? Quizá fuera lo mejor, y, sin embargo, le parecía muy difícil; además, a veces tenía casi la sospecha de que Hipólito la había traicionado. El pensamiento venía acompañado de un dolor punzante que luego desaparecía, hasta que creyó enloquecer, y fue incapaz de dominar su voz. Regresó al convento más inquieta y acongojada que nunca.Visitó la villa en dos ocasiones, e Hipólito volvió a eludirla; y el relato de Faustina sobre el modo en que él la trataba se tornó más inexplicable. Una y otra vez, el miedo de haberlo perdido la atormentó; y de nuevo se tranquilizó a sí misma pensando que su alejamiento y su silencio eran debidos al juramento, y que su misterioso comportamiento con Faustina sólo existía en la imaginación de la joven. No dejaba de dar vueltas al modo en que debía comportarse, mientras el apetito y el sueño la abandonaban; finalmente, cayó demasiado enferma para ir a la villa y, durante dos días, se vio obligada a guardar cama. En aquellas horas febriles, sin fuerzas para moverse, y desconsolada por la suerte de Faustina, tomó la decisión de escribir a Hipólito. Él se negaría a verla, así que no tenía otro modo de comunicarse. Su promesa lo prohibía, pero la habían roto ya de tantas maneras... Además, no lo hacía por ella, sino por su querida amiga. Pero, ¿qué pasaría si su carta llegaba a manos extrañas? ¿Y si Hipólito pensaba abandonarla por Faustina? Entonces el secreto quedaría enterrado para siempre en su corazón. Por ese motivo, resolvió escribir su misiva sin que nada la traicionara ante una tercera persona. No fue una tarea fácil, pero finalmente la llevó a cabo.El señor caballero sabría disculparla, confiaba. Ella era... siempre había sido como una madre para la señorita Faustina... la amaba más que a su vida. El señor caballero estaba actuando, quizá, de un modo irreflexivo. ¿Comprendía sus palabras? Y, aunque no tuviese ninguna intención, la gente haría conjeturas. Todo cuanto le pedía era permiso para escribir a su padre, a fin de que aquella situación de incertidumbre y misterio terminara lo antes posible.Angeline rompió diez notas... y, aunque no estaba satisfecha con esta última, la cerró; y luego se arrastró fuera de la cama para enviarla inmediatamente por correo.Aquel acto de valentía tranquilizó su ánimo, y fue muy beneficioso para su salud. Al día siguiente se sentía tan bien que decidió ir a la villa para descubrir el efecto que había producido su carta. Con el corazón palpitante, subió la ladera y, al doblar la curva de siempre, levantó la mirada. No había ninguna Faustina en la balaustrada. Y no era de extrañar, pues nadie la esperaba; sin embargo, sin saber por qué, se sintió muy desgraciada y los ojos se le llenaron de lágrimas.«Si pudiera ver a Hipólito un momento... y él me diera la más pequeña explicación, ¡todo se arreglaría!», caviló.Con esos pensamientos llegó a la villa y entró en el salón. Oyó unos pasos rápidos, como si alguien huyera de ella. Faustina estaba sentada delante de una mesa leyendo una carta... sus mejillas rojas como la grana, su pecho palpitando de agitación. El sombrero y la capa de Hipólito se hallaban a su lado, e indicaban que acababa de abandonar precipitadamente la estancia. La joven se volvió... divisó a Angeline... sus ojos despidieron fuego... y arrojó la misiva que estaba leyendo a los pies de su amiga; Angeline comprendió que era la suya.-¡Cógela! -dijo Faustina-. Te pertenece. Por qué motivo la has escrito... y qué significa... es algo que no preguntaré. Ha sido algo despreciable por tu parte, además de inútil, te lo aseguro... No soy alguien que entregue su corazón antes de que se lo pidan, ni que pueda ser rechazada cuando mi padre me ofrece en matrimonio. Coge tu carta, Angeline. ¡Oh! ¡Yo nunca creí que te comportarías así conmigo!Angeline seguía allí como si la escuchara, pero no oía una sola palabra; completamente inmóvil... las manos enlazadas con fuerza, los ojos anegados en lágrimas y fijos en su carta.-Te digo que la cojas -exclamó Faustina con impaciencia, dando una patada en el suelo con su pequeño pie-; ha llegado demasiado tarde, fueran cuales fueran tus intenciones. Hipólito ha escrito a su padre pidiéndole su consentimiento para nuestra boda; mi padre también lo ha hecho.Angeline se estremeció y miró con ojos desorbitados a su amiga.-¡Es cierto! ¿Acaso lo dudas? ¿Quieres que llame a Ippolito para que confirme mis palabras?Faustina se dirigió a ella exultante. Angeline, muda de espanto, se apresuró a coger la carta; y abandonó la sala... y la casa; bajó la colina y regresó al convento. Con el corazón al rojo vivo, sintió su cuerpo poseído por un espíritu que no era el suyo: no lloraba, pero sus ojos parecían a punto de salirse de las órbitas... y sus miembros se contraían espasmódicamente. Corrió a su celda, se arrojó al suelo, y entonces pudo estallar en llanto; después de derramar torrentes de lágrimas, consiguió rezar, y más tarde... cuando recordó que su sueño de felicidad había terminado para siempre, deseó la muerte.A la mañana siguiente, abrió los ojos de mala gana y se levantó. Era de día; y todos debían levantarse y seguir adelante, y ella entre los demás, aunque el sol ya no brillase como antes y el dolor convirtiera su vida en un tormento. No pudo evitar sobresaltarse cuando, poco después, le informaron que un caballero deseaba verla. Buscó refugio en un rincón, y rehusó bajar al locutorio. La portera regresó un cuarto de hora más tarde. El joven se había marchado, pero le había escrito una nota; y le entregó la misiva. Estaba sobre la mesa, delante de Angeline... pero le traía sin cuidado abrirla... todo había terminado, y no necesitaba aquella confirmación. Finalmente, muy despacio, y no sin esfuerzo, rompió el sello. Estaba fechada el día en que expiraba el año. Las lágrimas asomaron a sus ojos, y entonces nació en su corazón la cruel esperanza de que todo fuera un sueño, y de que ahora que la Prueba de Amor llegaba a su fin, él la reclamara como suya. Empujada por esta incierta suposición, se enjugó las lágrimas y leyó las siguientes palabras:He venido a excusarme por mi bajeza. Rehúsas verme y yo te escribo; pues, aunque siempre seré un hombre despreciable para ti, no pareceré peor de lo que soy. Recibí tu carta en presencia de Faustina y ella reconoció tu letra. Conoces bien su obstinación, su impetuosidad; no pude impedir que me la arrebatara. No añadiré nada más. Debes de odiarme; y, sin embargo, tendrías que compadecerme, pues soy muy desdichado. Mi honor está ahora comprometido; todo terminó antes de que yo empezara a ser consciente del peligro... pero ya no se puede hacer nada. No encontraré la paz hasta que me perdones, y, sin embargo, merezco tu maldición. Faustina no sabe nada de nuestro secreto. Adiós.El papel cayó de las manos de Angeline.Sería inútil describir los diversos sufrimientos que soportó la infortunada joven. Su piedad, resignación y carácter noble y generoso acudieron en su ayuda, y le sirvieron de apoyo cuando sentía que sin ellos podía morir. Faustina le escribió para decirle que le hubiera gustado verla, pero que Hipólito era reacio a la idea. Habían recibido la respuesta del marqués de la Toretta, un feliz consentimiento; pero el anciano se hallaba enfermo y todos se marchaban a Bolonia. A la vuelta, hablarían.Su partida ofreció cierto consuelo a la desdichada joven. Y no tardó en prodigárselo también una carta del padre de Hipólito, llena de alabanzas de su conducta. Su hijo se lo había confesado todo, escribía; ella era un ángel... el cielo la premiaría, pero su recompensa sería aun mayor si se dignaba perdonar a su infiel enamorado. Responder a esa misiva alivió el dolor de la joven, que desahogó su pena y los pensamientos que la atormentaban escribiéndola. Perdonó de buen grado a Hipólito, y rezó para que él y su adorable esposa gozaran de todas las bendiciones.Hipólito y Faustina contrajeron matrimonio y pasaron dos o tres años en París y en el sur de Italia. Ella fue inmensamente feliz al principio; pero pronto el mundo cruel y el carácter ligero e inconstante de su marido infligieron mil heridas en su joven corazón. Echaba de menos la amistad y la comprensión de Angeline; apoyar la cabeza en su pecho y ser consolada por ella. Propuso una visita a Venecia, Hipólito accedió y, de camino, pasaron por Este. Angeline había tomado el hábito en el convento de Santa Anna. Se sintió muy complacida, por no decir feliz, de su visita; escuchó con gran sorpresa las penas de Faustina, y se esforzó por consolarla. También vio a Hipólito con enorme serenidad, pues sus sentimientos habían cambiado; no era el ser que ella había amado, y comprendió que, de haberse casado con él, con su profunda sensibilidad y sus elevadas ideas sobre el honor, se habría sentido incluso más decepcionada que Faustina.La pareja llevó la vida que suelen llevar los matrimonios italianos. Él era amante de las diversiones, inconstante, despreocupado; ella se consolaba con un cavaliere servente. Angeline, consagrada a Dios, se asombraba de todo aquello; y de que alguien pudiera cambiar, con tanta ligereza sus afectos, para ella tan sagrados e inmutables.

Mary Wollstonecraft Shelley