lunes, 9 de agosto de 2010

Poe se queda sin rosas

Una de las más bonitas -al menos a para mi gusto- y misteriosas tradiciones de la literatura universal se venía dando en San Francisco desde el año 1949.
En cada aniversario del nacimiento de Edgar Allan Poe un desconocido dejaba tres rosas y media botella de coñac sobre la tumba del autor americano. Este sentido homenaje se había celebrado sin falta por cincuenta años, pero justo en este aniversario, el 201, nadie se acercó a dejar algo de licor junto a la fría lápida del cementerio donde descansa Poe. Se supone que cada una de las rosas es por los cuerpos enterrados allí (Poe, su suegra y su esposa Virginia) aunque poco se sabe del significado de esa botella medio vacía, a no ser del evidente significado de compartir un último trago.

Más de treinta incondicionales se habían reunido en el cementerio a la espera del homenaje, pero sus esperanzas de contemplar ese acto tan íntimo fueron desvaneciéndose a medida que pasaba la noche. Algunos de los presentes acudían a la cita desde 1977 y nunca antes había pasado algo similar: sobre las 5:30 siempre se producía la simbólica entrega. De todas formas, la gente allí reunida decidió quedarse y leer poemas y relatos de Poe durante toda la noche, pese al ambiente general de tristeza y desilusión.

Nadie sabe qué ha podido pasar, si el misterioso homenajeador ha caído enfermo, o algo peor, o es que al pasar el bicentenario ha decidido dejar de llevarle coñac y rosas al autor de obras como El barril de amontillado o El gato negro.
Finalmente, Cinthya Pelayo, que había viajado desde Chicago para la ocasión, acabó poniendo, de manera tardía, las tres rosas y la botella en la tumba, cumpliendo así la tradición y manteniendo tranquilo en su tumba al sombrío fantasma de Edgar Allan Poe.

6 comentarios:

  1. Eso tienen una explicacion muy sencilla, solo hay que calcular con las fechas que has espuesto, la edad que podria tener el adulador anonimo ronda los 70, era muy probable que fuera muy mayor, o a lo mejor esa persona como tu dices esta enferma. Alguien deveria decidir tomar el relevo continuar con la tradicion.
    Besos, una entreda muy interesante.

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  2. Hola Rocío, me ha gustado tanto esta poética entrada, desconocía esta singular historia, y que además es tan propia de uno de sus relatos, gracias por compartirla,

    Un saludo, Lucy

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  3. No sabía de la tradición Rocío, ¿y siempre se producía a la hora exacta? ¿sobre las 5.30? Bello detalle de las rosas y la copa de coñac, suponiendo así que Poe fuese un habitual bebedor de este líquido.

    Qué curioso, opino también que es probable que el admirador haya fallecido, y es una lástima, alguien debería tomar el testigo.

    Me gusta mucho Poe,esos cuentos suyos tan siniestros, melancólicos, cargados de terror sutil, misterio y espíritu gótico...

    Besos

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  4. Me temo que el misterioso personaje del ritual no habrá podído cumplir con el aniversario por circunstancias ajenas a su voluntad :(.
    Que romántico gesto, me alegra mucho que no dejen solo al admirado Edgar A Poe que tuvo una misteriosa vida y también muerte. Es un escritor que me fascina.
    Besos.

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  5. No había oído hablar de este ritual en la tumba de Poe y me ha encantado conocerlo .Quizás nunca se sepa quién era ese secreto admirador y porqué no ha podido acudir a realizar su ofrenda pero seguro que alguien toma el relevo y esa tumba continuará recibiendo visitas cada año homenajeando de este modo a este gran escritor
    Besos

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  6. LAURA SANCLEMENTE

    Dicen que tenía el rostro de la luna
    y que al contemplarla
    ningún hombre podía seguir sintiéndose incompleto.
    Sus labios estaban rellenos con néctar
    y sus ojos contaban
    que la primavera acababa de llegar.
    Amaba a un hombre solitario
    que rumiaba cabizbajo su espera silenciosa.

    Dijeron que el oleaje de su cabello
    resumía toda la historia del agua
    y que al reír
    algunas aves te cantaban al oído.
    Su voz calmaba a los demonios
    o los incitaba con la soltura mística
    de quien es dueño de las palabras.

    Alguien dijo que al caminar
    su cadencia sacaba al planeta
    de órbita varios centímetros
    y que al roce de su mano
    se cerraban todas las heridas de amor.
    Salvaba por igual a posesos y beatos.
    Otros dijeron que su pecho
    palpitaba arrullos e himnos de guerra
    y que sus senos podían alimentar
    a una jauría sin sufrir mella
    y al acariciarlos
    se desprendían fogonazos o brisa fresca.

    Cuando se hubo marchado para no volver
    todos en el desnucadero acordaron lo mismo,
    Laura Sanclemente era la puta perfecta.

    Yo siempre acudí al bar
    y sentado a la barra,
    agazapado sobre mis copas,
    anhelaba que el amor llegara
    y me tocara el hombro.

    Me dicen ahora
    que ella acostumbraba a sentarse a mi lado
    con la prudencia de su estirpe
    a esperar la señal de entrada
    y que yo como un buey de arado
    nunca alcé los ojos para mirarla.
    Nunca la vi.



    anuar bolaños.

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