martes, 3 de mayo de 2011

El viento sopla de Katherine Mansfield

Matilde se despierta sobresaltada. ¿Qué ocurre? Debe de haber sucedido algo horroso. No, no ha pasado nada. Es el viento que sacude la casa y hace que rechinen los postigos, que golpee un trozo de hierro en el tejado, que se agiten los árboles y que tiemblen la cama. Las hojas desprendidas pasan volando por delante de la ventana; y abajo, en la avenida, un periódico baila en el aire, como una cometa perdida, y al caer queda prendido en un pino. Hace frío. El verano ha terminado. Ha empezado el otoño. Todo parece triste y feo. Los carros pasan ruidosamente yendo de una parte a otra de la calle; dos chinos caminan ligeros bajo su balancín de madera del que llevan colgados unos cestos llenos de verdura; sus trenzas y sus blusas azules vuelan a los embates del viento; un perro blanco y negro pasa aullando por delante de la verja. ¡Todo ha terminado! ¿Qué es lo que ha terminado? !Todo! Y empieza a trenzarse el cabello con dedos temblorosos, sin atreverse a mirar al espejo. Su madre está hablando con la abuela en el vestíbulo.


-Eres una estúpida. ¿A quién se le ocurre dejar la ropa tendida con un tiempo así...? Mi mejor mantel de bordado de Tenerife está hecho jirones. ¿Qué olor es ese? ¡El potaje que se está quemando! ¡Oh, santo cielo, cuándo cesará este viento!


A las diez Matilde tiene clase de piano. Al acordarse de la lección, el tiempo en tono menor de la sonata de Beethoven empieza a sonar en su cerebro con sus trinos largos y sonoros que son como un redoble de pequeños tambores...Marie Swainson ha salido corriendo al jardín para coger los últimos crisantemos antes de que el viento los destroce. Su falda vuela y se le sube por encima de la cintura; ella trata de bajársela y se la recoge entre las piernas mientras se agacha, pero de nada le sirve, porque vuelve a levantársele. Los árboles y las matas se agitan vivamente a su alrededor. Ella corta las flores lo más aprisa que puede, pero está tan aturdida que no sabe lo que se hace; al tirar de los tallos los arranca de cuajo, los dobla y retuerce, mientras patalea y se desespera....



Katherine Mansfield (1888-1923)




1 comentario:

  1. Me encanta que me recuerdes de vez en cuando la sencillez de la vida que puede llegar a ser prosaica y transportarnos a un mundo lleno de dulzura y cotidianeidades especiales porque no abruman las prisas ni el estres... hoy has quitado el mío tal como si hubiese hecho un centro con lavanda y tomillo... Gracias amiga... Bss...

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