lunes, 27 de junio de 2011

Emily Dickinson, a tumba abierta

Tímida y salvaje, Emily Dickinson (1830-1886) es para la inmensa minoría de los lectores de poesía una de las grandes, quizá la mejor en lengua inglesa. Y todo un enigma: vivió recluida en el hogar paterno. escribio 800 poemas de los que apenas 5 vieron la luz antes de su muerte y su vida sentimental sigue entre brumas y rumores y pasiones imposibles, hoy mehnos secretos a las Cartas que publica Lumen en edición de Nicloe d'Amonville.

Como bien sabemos (hay bastantes traducciones últimas al castellano de la singular poesía de Emily Dickinson en España), la dama de Amherst (Massachusetts), "la reina reclusa" como la llamó -porque en una ocasión no quiso verle- Samuel Bowles, director de un periódico local, fue una mujer extraña, cerebral, solitaria, hipersensible, quizá neurótica, que escribió prácticamente en secreto una riquísima obra poética (más de 800 poemas) que, con la excepción de 5, y uno publicado sin nombre, no se conoció sino tras su muerte.

Puritana pero liberal, a causa sobre todo de la poesía y su lenguaje (original, roto en el ritmo, muy renovador), vivió sin apenas salir de la que fue prácticamente su única morada, la casa ajardinada de su padre, Edward Dickinson, un hombre de posibles, empresario y político, junto a su madre y su hermana menor Lavinia (Vinnie") y Susan Gilbert, su al fin cuñada, primero amiga íntima y algunos hasta sostienen que amante -pero en éxtasis de pureza, a buen seguro-.

Vestida sólo de blanco los últimos años de su vida, cuando muy pocos la veían o entrevían por su jardín, E. Dickinson pasó leyendo la Biblia protestante y a Emerson como una de sus principales influencias, y cuidando a su madre enferma, una existencia dedicada a las amistades y experiencias del espíritu, cada vez más sublime y más lejos. Los tres últimos años de su vida no salió siquiera de su habitación, abrumada por la muerte del último de sus amores imposibles, el juez Lord, que le había pedido en matrimonio, y por el Mal de Bright, la misma nefritis que padeció Mozart y que acabaría matándola en 1886. Es extraño que Tennessee Williams no hiciera de ella uno de sus personajes, porque bajo cierta óptica lo parece.

Como dice bien Nicole d'Amonville Alegría en su trabajado prólogo a esta acertada selección de la fértil correspondencia de Emily, en pocos autores sus cartas tendrán tanto que ver con sus poemas. En realidad, salvo muy cortas excepciones, no hacen sino desarrollar hacia sus amigos, conocidos, parientes o maestros -consideró tener dos- la misma salvaje y potente vida interior o íntima que aparece en su lírica. Cuando en una carta temprana a Susan termina diciendo: "¿Quién te quire más , y mejor, y piensa en ti cuando a oros vence el sopor? Es Emilie" (como firmó antes que Emily), ¿cómo no pensar no sólo en sus poemas, sino en que contrariamente a lo que dice Harold Bloom, no reprimió su vida pasional, que es caudalosa en cartas y poemas, la practicara directamente o no?

Esta antología de la correspondencia de Dickinson -muy notable a mi gusto, en una traductora que ya vertió una antología poética de la autora- se divide en cuatro grandes períodos que son la primera juventud (1842-57), los años en que secretamente empezó a escribir poesía en serio (1858-65), los años de reclusión casi absoluta en que escribe menos cartas o poemas (1866-79) y finalmente los años finales, signados por lo elegíaco de varias muertes cercanas y el culmen de su reclusa excentricidad (1880-1886)...

Cercanía de cartas y poemas en afinidad literaria, y las líneas finales que hoy están en su lápida: "Primitas,/ Me reclaman. (Called Back)/ Emily". Evidentemente excepcional.

1 comentario:

  1. Siempre me ha despertado muchísima curiosidad esta mujer extraña y de tantísimo talento. Su huida del mundo a ratos me produce envidia y a otros horror. Su mundo interior debió ser fascinante.

    Besos
    Ana.

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