jueves, 8 de diciembre de 2011

Canción de la bailarina.Chanson de la danseuse, Sidonie Colette (1873-1954)

¡Oh tú, que danzarina me llamas, sabe hoy que no aprendí a danzar! Me encontraste juguetona y pequeña, danzando en el sendero y persiguiendo a mi sombra azul. Giraba como una abeja, y mis pies y mis cabellos, color de camino, se empolvaban con el polen de un polvo rubio.Me viste venir de la fuente, meciendo el ánfora en mi cadera, mientras, al compás de mis pasos, sobre mi túnica saltaba el agua en redondas lágrimas, en serpientes de plata, en menudos cohetes rizados que ascendían, helados, hasta mi mejilla. Yo caminaba lenta, seria, mas llamaste danza a mis pasos. No mirabas mi rostro, seguías el movimiento de mis rodillas, el balanceo de mi talle, en la arena leías la forma de mis talones desnudos, la huella de mis dedos abiertos, que comparabas con la de cinco perlas desiguales.Me dijiste: «Coge esas flores, persigue esa mariposa...» Llamabas danza a mi carrera, y cada reverencia de mi cuerpo inclinado sobre los claveles purpúreos, y el ademán, repetido en cada flor, de echar atrás, por encima de mi hombro, un chal resbaladizo.En tu casa, sola entre tú y la alta llama de una lámpara, me dijiste: «¡Danza!» y no dancé...Pero desnuda en tus brazos, sujeta a tu lecho por la cinta de fuego del placer, me llamaste, sin embargo, danzarina, al ver agitarse bajo mi piel, desde mi pecho ofrecido a mis pies crispados, la inevitable voluptuosidad.Fatigada, anudé mis cabellos, y los contemplabas, dóciles, arrollados a mi frente como serpientes hechizadas por la flauta.Abandoné tu casa mientras murmurabas: "La más hermosa de tus danzas no es cuando acudes corriendo, jadeante, poseída de un deseo irritado y atormentado ya, por el camino, el broche de tu vestido. Es cuando de mí te alejas, serena y con las rodillas temblorosas, y al alejarte me miras, tu barbilla en el hombro. Tu cuerpo me recuerda, oscila y titubea, me echan de menos tus caderas y tus senos me están agradecidos...Me miras, vuelta la cabeza, mientras tus pies adivinadores tantean y escogen su camino..."Te vas, siempre pequeña y maquillada por el sol poniente, hasta no ser, en lo alto de la colina, más esbelta en tu túnica anaranjada que una llama vertical, que danza imperceptiblemente..."Si tú no me abandonas, iré danzando hasta mi blanca tumba.Saludaré a la luz, que me hizo hermosa y me vio amada con una danza involuntaria, cada día más lenta.Una última danza trágica me enfrentará con la muerte, mas sólo lucharé para sucumbir con elegancia.Que los dioses me concedan una caída armoniosa, juntos los brazos en mi frente, doblada una pierna y extendida la otra, como presta a franquear, de un salto ingrávido, el negro umbral del reino de las sombras...Me llamas danzarina, y, sin embargo, no sé bailar...




Sidonie Colette (1873-1954)

3 comentarios:

  1. Me encanta Colette y este texto que no lo había leído me ha parecido muy bello y voluptuoso como debió ser ella en vida. Gracias por ponerlo!!! Fue una adelantada a su época y en todo lo que emprendía triunfaba, incluso tuvo un salón de belleza. Una mujer irrepetible. Tengo una biografía muy buena de Judith Thurman SECRETOS DE LA CARNE -VIDA DE COLETTE- en Siruela. Está muy bien y lleva bonitas fotografías de la época. Era, además, una enamorada de los gatos!

    Besos!
    Ana.

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  2. Hola Ana, pues yo la he descubierto con este maravilloso relato como bien dices. Gracias por la informacion de el libro de Judith Thurman es interesante saber más sobre esta escritora francesa.

    Besucos amiga..-

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  3. ¡¡Diossssss, me he quedado petrificada por esta forma de escribir! Pero se puede escribir así???? Qué mujer tuvo que ser!!!
    Y yo que pienso en que juntar palabras se me da bien, bien???? ni comparación con la forma de expresarse de esta dama, ni sombra de su hilar, ni nada...
    Rocío, muchas gracias por traer este pedazo de vida... me ha encantado... necesito leer más de ella ¿tienes más???
    Bss...

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