sábado, 17 de diciembre de 2011

Helada a medianoche. Frost at midnight, Samuel Taylor Coleridge (1772-1834)

La helada cumple su oficio secreto sin auxilio del viento. Un búho vuelca su chillido en la noche -escucha- inmensa. Todos descansan y yo me entrego a esa soledad que propicia el desvarío. Tan sólo queda junto a mí, en su cuna, el reposado sueño de mi hijo. ¡Es tan tranquilo! Tanto que turba el pensamiento con su extremo y raro silencio. ¡Mar, colina y arboleda, junto a este pueblo!. ¡Mar, colina y bosque con los cotidiano de la vida, inaudibles cual sueños! La azul llama, quieta en el hogar, ya no tiembla; sólo esa cinta interrumpe la calma, agitándose aún sobre la verja. Su meneo en la calma de esta escena le da una semejanza con mi vida, la toma una amigable forma cuyo endeble flamear hace un juguete del pensamiento y es interpretada a su modo por el alma, que busca en cada cosa un espejo de sí misma.



Samuel Taylor Coleridge (1772-1834)

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