domingo, 16 de octubre de 2011

Café vienés con veladas literarias




El café vienés (alemán: Wiener Kaffeehaus) es una típica institución de Viena que aún desempeña un importante papel en la cultura y la tradición de la capital austriaca.


A diferencia de lo que ocurre en otros cafés tradicionales del mundo, es muy corriente que un cliente se pase horas solo leyendo el omniprensente periódico. Junto con el café, el camarero servirá el obligado vaso de agua fría de grifo, que volverá a llenar frecuentemente si la estancia se alarga. A finales del siglo XIX y principios del XX, muchos escritores famosos frecuentaban los cafés vieneses por su ambiente, e incluso escribían en ellos (por ejemplo, se dice que gran parte del famosos diario Die Fackel de Karl Kraus se redactó en cafés de este tipo). Otros poetas de café fueron Arthur Schenitzler, Alfred Polgar, Friedrich Torberg y Egon Erwin Kisch. El famoso escritor y poeta Peter Altenberg se hacía enviar su correspondecia a su café favorito, el Central.


Otras personalidades famosas que frecuentaron los cafés vieneses fueron Arthur Schnitzler, Stefan Zweig, Egon Schiele, Gustav Klimt, Adolf Loos, Theodor Herzl, Siegfried Marcus, e incluso León Trotsky. También podían encontrarse (y aún existen) establecimientos similares en otras ciudades del Imperio austrohúngaro : Praga, Budapest, Trieste, Lemberg, etc.


En muchos cafés clásicos (Café Diglas, Café Central, Café Prückel) se toca el piano por las tardes y se celebran veladas literarias y otros acontecimientos sociales. En los meses cálidos los clientes suelen sentarse fuera, en un Schanigarten.

martes, 11 de octubre de 2011

"Siempre el mismo día" de David Nicholls

Lo mío con este libro fue un encaprichamiento absoluto. Y sin apenas haber leído nada sobre él me fui a comprarlo. Y ¡Cuánto me alegro!
Es un libro original, totalmente diferente a lo que había leído hasta ahora. No quiero dar mucha información sobre lo que es la historia en sí, porque de verdad que merece la pena leerlo e ir conociendo a Emma y Dexter.
Para que os hagáis una idea...Emma y Dexter se conocen un 15 de julio de 1988, en su fiesta de graduación en la universidad. Son completamente opuestos, la noche y el día: Emma es de familia trabajadora, idealista, inteligente, amante de la literatura; y Dexter es un chico bien, de clase acomodada, despreocupado y fiestero, que vive día a día, si preocuparse por el futuro. Pero aun así hay algo especial entre ellos. Lo que pasa es que al día siguiente cada uno tomará su camino: Dexter decide tomarse un año sabático e irse a recorrer Europa; mientras que Emma se queda en Edimburgo y empieza a trabajar.

De manera, que el libro supone un viaje a lo largo de la vida de dos personas. A lo largo de veinte años, veremos cómo evolucionan sus vidas y su relación, con sus idas y venidas, con sus buenos y malos momentos. Cada capítulo es un año, siempre el mismo día (el 15 de julio) y con absoluta maestría, el autor consigue resumirnos en este único día lo más significativo de ese año para cada personaje. Y lo que te hace ir conociendo a los personajes a fondo. Acabarás con la sensación de que los conoces de toda la vida.

Y qué decir de los personajes: Emma y Dexter, me han conquistado por completo, me he divertido, enfadado, sufrido y llorado con ellos. Me han parecido tan humanos, tan reales y me han llegado tanto, que desde que lo terminé (y de esto hace más de un mes) los echo de menos. Echo de menos pasar mis ratos con ellos.

Siempre el mismo día, es un libro cargado de amor y amistad, que te hará desconectar y meterse de lleno en la vida de Emma y Dexter. Una historia llena de naturalidad, humor y también drama. Es divertido y absolutamente conmevedor. Ha sido un placer leerlo.


¡¡Espero que lo disfrutéis!

lunes, 3 de octubre de 2011

Los últimos tableteos de las máquinas de escribir "Los escritores y sus máquinas de escribir"

Películas como ciudadano Kane, de Orson Welles, habrían recogido peor la esencia del periodismo de los 40 si hubiera faltado en pantalla la presencia de esa imponente herramienta que revolucionó el mundo de las letras: la máquina de escribir. Si su peculiar sonido y su tinta acompañaron a Kane en su labor, también lo hizo en la de tantos periodistas, escritores y secretarias de la época. La máquina de escribir, en todas sus versiones, modelos y tamaños , facilitó el trabajo de tantas personas que se convirtió en la auténtica estrella de las oficinas y los hogares...

Pero la máquina de escribir no sólo no está muerta todavía, sino que deja un legado permanente y menos conocido de lo que se merece.

Hasta hace no mucho, los escritores trabajaban con máquinas de escribir, no con teclados de computadora. Aún ahora, hay algunos que se niegan a dejar la tradicional máquina, y quienes prefieren escribir a mano. Sin embargo, poco a poco las cosas van cambiando y la tecnología cierra el paso a la tradición.

León Tolstoi fue el primer escritor que utilizó esta nueva invención: la máquina de escribir, en 1885. Además permitió que su hija aprendiese el manejo, y con el tiempo, le dictó sus obras y su correspondencia, por lo que la hija de Tolstoi se convirtión en la primera dactilógrafa de Europa.