sábado, 30 de junio de 2012

Señorita Elizabeth y el señor Darcy



Darcy intentó tragar saliva, pero un nudo de emoción se había alojado en su garganta. “¿Qué ha ocurrido?” Un montón de sensaciones contrapuestas galopaban por su mente y le impedían asimilar lo que estaba sucediendo en ese instante. ¿Era una broma de su imaginación?. Las respuestas de Elizabeth: “Bien, entonces…” continuando con “sus manos están frías” se adueñaron de su estómago y temió marearse. La intensa emoción producida por esas palabras, tan alejadas del protocolo habitual, hicieron flojear sus rodillas, pero ¡Ay! en el momento en que ella tomó su mano, besándola con tanta dulzura, se quedó momentáneamente sin reflejos; aquella respuesta iba mucho más allá de lo que él había imaginado en sus noches insomnes. Con el cuerpo paralizado y la mente en el séptimo cielo, únicamente pudo inclinarse un poco y apoyar su frente en la de ella, mientras los primeros rayos de sol envolvían su felicidad. Acarició su mejilla y cerró los ojos temiendo despertar. No supo cuánto tiempo estuvo así pero, al abrirlos, vio que una lágrima recorría el rostro de Elizabeth; se inclinó un poco más para rescatarla con sus labios y, al sentir que ella acariciaba su cara, temió perder el control. Entonces Darcy, con esfuerzo espartano, separó su rostro de ella y, con los ojos aún cerrados, susurró ....-mi amor…- Se acercó una vez más para besar suavemente sus ojos, y luego se alejó un poco.


Sólo entonces Lizzie se creyó en la obligación de decir algo. Estaba tan emocionada que sus palabras sonaron trémulas y entrecortadas, mientras el rubor acudía a su rostro:

-Sr. Darcy…yo…quería decirle…que…- tomo una fuerte inspiración y continuó: -debo informarle de que, no sólo mis sentimientos han cambiado sino que, saber que los suyos siguen siendo los mismos, me hace muy feliz.- dijo tan bajito que apenas se oyó.

Los ojos de Darcy se iluminaron y, por un instante, ella creyó ver que se humedecían, pero quizás fue sólo su impresión porque, al momento, él inspiró profundamente, carraspeó, y miró al suelo alejándose un poquito más en un nuevo intento de controlar sus emociones.

-Sr. Darcy ¿Le sucede algo?- preguntó ella ante el prolongado silencio.

Darcy casi agradeció que rompiera el hechizo en el que estaba perdido, y se obligó a pensar con claridad. Aunque esa madrugada estaba decidido a no regresar a Londres hasta saber, de una vez por todas, si los sentimientos expresados por ella en Kent eran los mismos, le costaba asimilar que todo este tiempo de profunda tristeza quedaba atrás, y que un horizonte nuevo y maravilloso se abría ante sí. De repente se escuchó a sí mismo decir:

-Señorita Elizabeth…..Elizabeth -corrigió –le aseguro que nunca se arrepentirá de la decisión que ha tomado hoy. Dedicaré el resto de mi vida a procurarle la felicidad que estoy sintiendo yo en este instante, y a hacerme merecedor de su afecto. Prometo compensarla por mi nefasto comportamiento en Kent e intentaré que, en el futuro, olvide mis desafortunadas palabras de “aquel” día.

Lizzie colocó sus dedos sobre los labios de él para intentar acallarle.

-Sr. Darcy, le ruego que olvide lo ocurrido aquel día. Me siento terriblemente culpable al recordar las cosas que le dije entonces y el modo en que las dije. Esto, y su comportamiento desde aquella fecha, hacen que yo también me sienta obligada a compensarlo a usted.

Darcy besó emocionado los dedos que lo acallaban. Deseaba que el tiempo se detuviera para no tener que soltarla jamás. Estuvo así un momento, con su mano aferrada a la de Lizzie, hasta que ella le interrumpió:

- Deberíamos ir hasta la casa. Temo que mi familia esté preocupada por mí, y además… Creo que lo correcto en estos casos, es que usted solicite el consentimiento de mi padre para cortejarme ¿No está de acuerdo Sr. Darcy?

-Desde luego,-asintió él ufano -Y....¿Cuándo cree que sería el momento más oportuno para hablar con el Sr. Bennet? Preguntó con gesto resuelto.

-Si usted lo desea, puede acompañarme ahora. Seguro que mi padre dispondrá en estos momentos, del tiempo necesario para atenderlo.-Propuso Lizzie insegura. -¿Le parece demasiado precipitado?

-Sin duda éste es el mejor momento. ¿Vamos?- Respondió Darcy resuelto e impaciente, ofreciéndole su brazo.

Caminaron un rato en el silencio sólo interrumpido, de cuando en cuando, por el canto armonioso de un mirlo anunciando lluvia; había poco más que hablar y sí mucho que sentir.