miércoles, 31 de octubre de 2012

martes, 30 de octubre de 2012

TRAVELING WITH JANE AUSTEN



La casa que Jane Austen habitó durante sus ultimos ocho años de vida en Chawton , un pueblecito a 18 kilómetros de Winchester, contiene pequeños tesoros: la mesa donde escribió y revisó el manuscrito de las novelas Orgullo y prejuicio y Emma ; sus labores de costura; algunas prendas de vestir; y muchos, muchísimos libros. Una sensación de bienestar y placidez embarga al visitante mientras pasea entre los muros de esta casa, pisa la hierba del jardín, entra al granero o atisba la calle entre los visillos de encaje. Sin duda, una experiencia única e irrepetible para los amantes de la literatura de esta mujer extraordinaria.

Los visitantes que llegan a Chawton son sobre todo ingleses que van o vienen de la vecina Winchester , donde la también autora de Mansfield Park pasó enferma sus seis ultimas semanas. A su muerte, el 18 de julio de 1817, Jane Austen fue enterrada en la catedral de la ciudad, bajo una lápida de mármol negro que ni menciona su condición de escritora. Sí recuerda en cambio, las virtudes humanas de una escritora a la que el cine -casi todas sus obras han tenido su versión cinematográfica- ha catapultado.

Aunque la fama de la ciudad balneario de Bath no se debe a Jane Austen -su manantial de aguas termales, conocido por los celtas y explotado por los romanos, fue popularizado por la ociosa sociedad victoriana del XIX-, también aquí vivió la escritora, entre los años 1801 y 1806. En estas calles, entre las columnas de mámol de sus pórticos, transitando por plazas, bailando en salones y tomando las aguas, casi podemos ver a los protagonistas de Persuasion y La abadía de Northanger . El centro Jane Austen, los baños romanos, la catedral y el Royal Crescent transmiten ahora tanto sosiego como entonces.

Menos placentero es el recuerdo literario vinculado a la ciudad de Reading , famosa por su cárcel, en la que Oscar Wilde cumplió condena tras perder un juicio por libelo contra el padre de su amigo sir Alfred Douglas. De su encarcelamiento nos queda De profundis (1897), la carta más extensa de la historia de la literatura.

CANTERBURY, UNA CIUDAD DE CUENTO DE HADAS

La villa episcopal más famosa de Inglaterra, Canterbury , es conocida en el mundo entero por dos motivos: su bellísima e impresionante catedral y la obra Los cuentos de Canterbury , el mítico libro de Geoffrey Chaucer , de cuya muerte se cumplieron 600 años en octubre de 2000. ¡Quién le iba a decir a Chaucer que su obra duraría en el tiempo tanto como la catedral que la inspiró!

En el interior de la catedral de Canterbury, iglesia madre del culto anglicano, fue asesinado en 1170 Thomas Beckett, como bien nos recuerda un altar levantado en el sitio preciso en que fue martirizado. Menos luctuosos, pero relacionados con esto, Los cuentos de Canterbury , escritos a finales del siglo XIV, retratan la inesperada naturaleza festiva de las peregrinaciones a la tumba de Beckett, expoliada por el rey Enrique VIII. Los amantes de la historia y de la literatura disfrutarán, y mucho, en esta ciudad encantadora, mezcla de arquitectura, historia, arte y cultura. Admirar las espléndidas fachadas de mansiones y palacetes que se asoman a los canales o simplemente pasear por el centro peatonal no les dejarán indiferentes.



lunes, 29 de octubre de 2012

The Parish Church of Holy Trinity and St Andrew, Ashe, Part One

The Parish Church of Holy Trinity and Saint Andrew, Ashe ©Austenonly
The Entrance Porch and Bell Tower ©Austenonly

                           
A View of Ashe Parish Church from the Lytch Gate ©Austenonly
View of the Lytch Gate from the entrance to Ashe Churchyard ©Austenonly

                         
The Lychgate at the far entrance to theChurchyard of the Parish Church of Holy Trinity and St Andrew, Ashe ©Austenonly


A Chance to Live at Number 4 Sydney Place,Bath?












                                                                           

Chawton Under Threat {Jane Austen}


Winter in Chawton: looking along the side of Jane Austen House, through the front street entrance to the rolling, wooded hills opposite the house, as Jane would have seen them. The proposed development on the site where you can see the cars parked would block this view forever. Picture courtesy Jane Austen House Museum




domingo, 28 de octubre de 2012

Los 10 destinos literarios de Gran Bretaña

Los 10 destinos literarios de Gran Bretaña La primavera es la estación más literaria. Este viernes comienza la feria del libro madrileña y seis días después el festival de Hay de Reino Unido. Este año, en el que el mundo está pendiente de la cultura ‘british’, es perfecto para visitar algunos de los muchos lugares británicos con conexiones literarias. Recopilamos el top ten.

EDIMBURGO
La primera ciudad de la literatura de la Unesco ha inspirado más de 500 novelas. Es un escenario clave tanto para la obra de escritores clásicos de la talla de Sir Walter Scott, Robert Louis Stevenson o Robert Burns como para autores contemporáneos como Irvin Welsh o Ian Rankin. Lo ideal es empezar perdiéndose entre las calles del barrio de la Royal Mile, plagadas de librerías con encanto y por los muchos cafés donde se puede imaginar a JK Rowling escribiendo los primeros capítulos de Harry Potter. La visita continúa en instituciones inquietas como el Scottish Storytelling Centre, el Museo de los Escritores y el espacio contemporáneo Scottish Poetry Library. La oferta de visitas guiadas es variada y original: se puede elegir desde un tour que replica el Edimburgo de la novela de culto Trainspotting, a otro que persigue al inspector Rebus de Ian Rankin. Además, hay un itinerario que combina lo apolíneo con lo dionisiaco: un recorrido por las tabernas que abrieron sus puertas a William Woodsworth, Robert Burnes o Walter Scott. Pintas y libros, qué más se puede pedir.

LONDRES
Con las referencias literarias que pueblan Londres se podría llenar toda una colección de libros. Como kilómetro cero literario se coloca la Biblioteca Británica, donde se guardan joyas como el primer folio de Shakespeare y manuscritos de Alicia en el País de las Maravillas. No hay que olvidar los agradables paseos que ofrecen barrios en los que se respira bibliofilia. Como Bloomsbury, el lugar de encuentro de la bohemia intelectual de principios del siglo XX capitaneada por Virginia Woolf y E.M Forster. O Hampstead, una zona con encantador ambiente rural, donde visitar la casa del poeta John Keats. Sin contar el Minister of Stories, la academia de literatura para niños que ha abierto Nick Hornby (Fiebre en las gradas), la multiculturalidad de las novelas de Hanif Kureishi o los itinerarios literarios tras los pasos de Dickens, Sherlock Holmes y Oscar Wilde.


PORTSMOUTH
Portsmouth es una villa con muchas y variadas conexiones literarias. Entre los escritores célebres relacionados a la única ciudad-isla de Gran Bretaña se encuentran Sir Arthur Conan Doyle, Charles Dickens, Rudyard Kipling o H G Wells. Este año se cumplen dos siglos del nacimiento de Dickens en Portsmouth. Una visita a su casa-museo en el centro de la ciudad donde nació el autor arroja luz sobre sus orígenes.

Se podría decir que el personaje de Sherlock Holmes nació en Portsmouth. La explicación es que su padre, Sir Arthur Conan Doyle, residía en la ciudad cuando publicó Un estudio en escarlata, el primer libro del mítico detective. Hoy la ciudad presume de una colección relacionada con el mundo de Conan Doyle y su inolvidable personaje. La ciudad organiza los festivales literarios de Portsmouth Festivities en junio y Portsmouth BookFest en octubre.



STRATFORD-UPON-AVON
Stratford-Upon-Avon es el lugar de nacimiento de Shakespeare, pero también una de las ciudades británicas destacadas por su patrimonio cultural. Allí se pueden visitar las cinco casas históricas dedicadas al dramaturgo, ver una de sus obras en el Courtyard Theatre, la casa de la Royal Shakespeare Company y hacer peregrinaje a su tumba, dentro de la iglesia de la Santísima Trinidad.

LAKE DISTRICT
La belleza natural de esta zona, también llamada “el valle del edén” ha inspirado obras de todo tipo. Dove Cottage, en Grasmere, es la casa de Wordsworth, donde el autor recibió a otros escritores de la época como Walter Scott o Thomas de Quincey. El complejo incluye un centro de estudios, un museo dedicado al poeta y una galería de arte. A unos kilómetros de Grasmere se encuentra Hill Top, la casa donde vivió la autora e ilustradora Beatrix Potter. Repleto de sus objetos favoritos, en este cottage es imposible no encontrar una referencia visual de sus cuentos de animales.

GALES
A los galeses les encanta hablar. No es una sorpresa que su tradición literaria tenga sus raíces en la narración oral. Aunque los primeros indicios de la poesía galesa se remontan al siglo VI, sus cuentos de folclore medieval, los Mabinogion, son considerados la gran contribución galesa a la literatura europea. Otro de los grandes pilares de las letras galesas es Dylan Thomas. En Swansea un centro dedicado a este poeta y gran bebedor que organiza actividades durante todo el año. El pedigrí literario de Gales arropa al festival de Hay-on-Wye, el evento literario más prestigioso del mundo, que cada año lleva a grandes figuras, pensadores y autores hasta este pueblecito repleto de librerías antiguas y de segunda mano. Este año tiene lugar del 31 de mayo al 10 de junio.

TORQUAY
Agatha Christie nació en esta villa del sur de Devon y allí mantuvo su amada casa de vacaciones. Greenway, a las orillas del río Dart, entre Torquay y Darmouth, fue la residencia privada de la creadora de Hércules Poirot y Miss Marple. El tiempo parece haberse detenido en esta casa. Sus visitantes descubrirán un romántico jardín y colecciones familiares de arqueología, porcelana de motivos botánicos y libros. Los más intrépidos pueden seguir la ruta de Agatha Christie y conocer los escenarios de misterios y asesinatos que la autora situó en la Riviera británica.



CORNUALLES
Los aficionados al romance neogótico no pueden dejar de visitar Cornualles. Daphne du Maurier, la autora de Rebeca, se mudó a Fowey tras enamorarse perdidamente de este estuario. Del 9 al 20 de mayo se celebra un festival literario dedicado a la autora. Para este año hay programadas conferencias y representaciones teatrales, pero también sesiones de afternoon tea, paseos guiados y travesías en barco.

BATH
Bath ha cambiado desde los tiempos de Jane Austen. Pero hay cosas que permanecen: la belleza de la ciudad (que antaño atraía a la alta sociedad y hoy a turistas y producciones cinematográficas), la popularidad de su balneario y su reputación como destino para los amantes de la elegancia. Jane Austen vivió en Bath durante cinco años de su vida y en este lugar emplazó dos de sus novelas, Persuasión y La abadía de Northanger. En Visit Bath ofrecen pistas para disfrutar de la romántica Bath tal y como la vivió Austen.


BUCKINGHAMSHIRE
Es una zona de espaldas a la vorágine urbanita pero con fácil acceso desde Londres. En ella se nota la tranquilidad que necesita un autor para escribir. Su mayor reclamo literario, sobre todo si se viaja con niños, es el museo de Roal Dahl, en su pueblo, Great Missenden. Allí está ubicada la famosa cabaña desde la que el autor escribió obras inolvidables como Charlie y la fábrica de Chocolate, Matilda o James y el Melocotón gigante. El refugio que él llamaba su “pequeño nido” se construyó en 1950 y no se ha tocado desde entonces.












miércoles, 24 de octubre de 2012

'Escaleras arriba y abajo'Historia de los criados en las casas de campo inglesas.La esfera de los libros publica este ensayo con aires de Downton Abbey de Jeremy Musson



En 'Escaleras arriba y abajo. Historia de los criados en las casas de campo inglesas' (La esfera de los libros), Jeremy Musson se adentra en las mansiones británicas para explorar las vidas de los sirvientes, artífices de la impecabilidad con la que funcionaba todo en los hogares de los aristócratas. Su vida diaria, desde la Edad Media hasta nuestros días, se refleja mediante cartas, memorias y otros documentos. La rigidez del protocolo y de la jerarquía entre los propios empleados, las tareas que tenían que cumplir desde el amanecer hasta que los patrones se fueran a dormir son algunos de los aspectos que analiza Musson, pero también cómo pasaban su tiempo libre e incluso algún que otro escándalo protagonizado por el servicio.


Según el famoso Diccionario de la lengua inglesa de Johnson de 1755, un sirviente es «aquel que atiende a otro y actúa a sus órdenes». Resulta curioso pensar que hasta la década de los cincuenta del siglo pasado la palabra era tan común como cualquier otra en el campo semántico de la administración de la casa entre las clases altas y medias, pero en los sesenta y los setenta prácticamente había desaparecido del vocabulario habitual. El diccionario Shorter de Oxford, publicado en 1979, ofrece una definición casi idéntica a la de Johnson, si bien añade una segunda acepción proveniente del inglés tardomedieval: «Persona que tiene la obligación de ofrecer determinados servicios y obedecer las órdenes de otra persona o grupo de personas, a cambio de un salario o jornal».

Así pues, la palabra «sirviente» ha englobado tradicionalmente el estatus del aprendiz de un oficio en relación con su maestro, y a menudo se extendía a otros emplea - dos. El término «sirviente doméstico» parecería haber surgido para diferenciarse de la acepción cada vez más extendida de sirviente «público», es decir, de funcionario del gobierno. Quienes disfrutan hoy recorriendo las casas de campo comprenderán que el servicio es parte imprescindible de su historia. Igual que las grandes máquinas, estas casas albergaban reuniones públicas y privadas, al ser lugares de residencia y de recepción, así como sedes políticas y de administración estatal. Además de acomodar a la familia propietaria, se construían para albergar a un amplio cuerpo doméstico que llevaba la casa, y cuyas responsabilidades abarcaban desde proveer alimentación, calor y luz, hasta el mantenimiento del contenido y el mobiliario de valor que requería una atención constante.

Este libro se centra en el servicio doméstico de las grandes casas de campo, y no tanto de las residencias urbanas y de clase media El primer capítulo empieza con el siglo XV, y a partir del XVII se dedica un capítulo a cada centuria. Evidentemente, los dos que tratan el período que abarca hasta 1700 son más bien un repaso centrado en el servicio de grandes residencias, analizando su vida y su trabajo a través de fuentes bastante limitadas. A partir del siglo XVII, empezamos a tener un conocimiento más real de las complejas vidas y responsabilidades de los sirvientes en las casas de campo, gracias a memorias y cartas como las de la familia Verney, y obras de autores como Hannah Wolley. Los capítulos dedicados a los siglos XVIII y XIX se centran de manera especial en los distintos roles y responsabilidades del sirviente, identificándolos a través de tratados, listas de jornales y normativas domésticas, junto con cartas y diarios publicados e inéditos, tanto de empleados como de señores. A partir del siglo XX y hasta nuestros días, esta obra se basa más en memorias actuales, incluidas entrevistas con varios empleados domésticos retirados y aún en servicio, así como con propietarios de casas de campo repartidos por toda la geografía británica. Estas memorias vivas nos permiten ver cómo funcionaban las grandes casas en el pasado y cómo lo hacen hasta el día de hoy. A menudo nos llevan al período de entreguerra, cuando los sirvientes de más edad habían aprendido el oficio en la época eduardiana.

Uno de los temas recurrentes es el cambiante papel de ambos sexos en el servicio. Por ejemplo, en la Edad Media y la época Tudor, la mayoría del servicio era masculino, incluso en las cocinas, pero a partir de finales del siglo XVII, empezó a haber más sirvientas que sirvientes, y el ama de llaves se hizo con tareas fundamentales en el funcionamiento de la casa, supervisando el trabajo de las sirvientas, como apoderada de la señora. Las labores de limpieza, cocina, lavandería y la lechería se convirtieron en responsabilidades casi exclusivamente femeninas, y podría decirse que las dos últimas siguen siéndolo hoy, a pesar del impacto de la tecnología. Otro asunto destacado es la diferencia entre la casa visible y la casa invisible. En las casas medievales y Tudor había ideales profundamente arraigados que exigían la visibilidad del servicio y defendían una hospitalidad más pública, pero en el siglo XVII el creciente deseo de intimidad trajo consigo un alejamiento de los sirvientes de menor rango de los lugares ocupados por la familia del propietario. Esta separación se logró por medio de divisiones arquitectónicas y a través de la propia organización de la casa. Fue entonces cuando aparecieron las primeras escaleras y comedores reservados para los sirvientes y las campanillas para llamar al servicio.

A partir de 1777 y hasta 1930, los sirvientes varones, especialmente los lacayos, estuvieron sujetos a impuestos, y en los archivos de algunas casas de campo aún se puede encontrar rarezas como las «licencias para perros, sirvientes y blasones». Pero además de aportar su majestuosa presencia vestidos con sus uniformes de colores ricos, conocidos como librea, y sus pelucas empolvadas, los lacayos desempeñaban funciones prácticas, como guardaespaldas y acompañantes en los carruajes, cuando no hacían de mensajeros. Sus responsabilidades manuales diarias, como limpiar la plata y la cristalería fina, eran supervisadas por el mayordomo. La creciente especialización del servicio doméstico, por la que ciertas tareas se fueron vinculando con áreas concretas dentro de la casa y dentro de la zona del servicio, es un rasgo distintivo de los siglos XIX y XX. Es entonces cuando la hospitalidad y la organización de las casas de campo alcanzan su máximo esplendor y se ganan la admiración de los visitantes extranjeros. El comienzo de la Primera Guerra Mundial desencadenó una inevitable disminución en el número de empleados domésticos (por razones económicas, entre otras cosas), y la Segunda Guerra Mundial marcó un hito aún más significativo.

No cabe duda de que la aparente desaparición del estilo de vida de la casa de campo atendida por un servicio conforme avanza el siglo XX, y a pesar de haber sido un elemento definitorio de la imagen británica en los siglos precedentes, es un tema fascinante por sí mismo. Sin embargo, ¿fue este un corte tan radical? Varias casas de campo mantuvieron cuerpos de casa sorprendentemente extensos hasta los años sesenta, y algunos, incluso más. La dramática imagen de la procesión funeraria tras la muerte de Andrew Cavendish, XI duque de Devonshire, en mayo de 2004, es un elocuente testimonio de la existencia de casas de campo con un personal muy completo y cuyos propietarios siguen disfrutando del servicio de personas preparadas e implicadas que se enorgullecen al máximo de su papel.

Cabe recordar que en la Edad Media, los empleados domésticos de mayor rango, ya de por sí pequeños propietarios, aceptaban gustosos su estatus como sirvientes de un noble. La palabra no tenía el estigma social que empezó a lastrarla a principios y mediados del siglo XX. Es más, hasta el siglo XVIII, curiosamente la palabra «familia» se utilizaba también para referirse a todas las personas que vivían bajo el mismo techo, englobando a todos los empleados que residían en la casa, aunque se utilizaba con la acepción latina legal que alude a todas las personas bajo la autoridad del páter familias.

A partir de finales del siglo XVII, los sirvientes empezaron a buscar la manera de progresar, ya fuera con un trabajo nuevo o mejor, a veces incluso dejando de lado el servicio doméstico, aunque la palabra «sirviente» seguía utilizándose para hacer referencia a hombres y mujeres con gran experiencia y habilidad, como los administradores, los cocineros franceses y las amas de llaves. Es más, el mundo del servicio doméstico estaba sujeto a una enorme jerarquización interna, reflejada en diferentes códigos, como el tratamiento, la indumentaria, las comidas y el alojamiento. Cuanto mayor fuera el sirviente, más estatus tendría y más retribuciones disfrutaría por su posición. Y, evidentemente, los puestos con más beneficios extra resultaban especialmente atrayentes. En 1825, un lacayo podía ganar 24 libras al año y tenía alojamiento, vestuario y gran parte de la comida gratis (además de posibles propinas), lo cual es bastante en comparación con el salario medio de un agricultor, que rondaba los 11 chelines a la semana, con alguna mejora en temporada de cosecha, y teniendo en cuenta que con eso tenía que cubrir su alimentación y vestuario, el de la familia y pagar el alquiler.

En la década de 1870, un cocinero francés podía ganar hasta 120 libras anuales en una casa de campo, mientras que un mayordomo se tenía que conformar con unas 80. El sueldo de los lacayos más jóvenes rondaría las 28 libras al año, más comida, alojamiento y una asignación para ropa y polvos para el peinado. Estos datos sitúan a los sirvientes de las casas de campo muy lejos de los trabajadores industriales, peor pagados en aquella época. Un estudio de la mano de obra realizado en Salford en la década de 1880 sugiere que más del 60 por ciento de los trabajadores de la industria vivían en la pobreza, con un salario inferior a los 4 chelines semanales para costearse cobijo, vestuario y comida.

Un tema fundamental y recurrente a lo largo de los siglos es la interdependencia dentro del mundo de las casas de campo. Muchos sirvientes trabajaban para la misma familia durante prácticamente toda su vida, y en muchos casos surgió entre ellos un enorme apego, lealtad y respeto mutuos. Para encontrar un ejemplo sumamente evocador y bastante conocido de este vínculo no hay más que acudir a la serie de retratos que encargó la familia Yorke durante el siglo XVII de sus sirvientes en Erddig, cerca de Wrexham (hoy propiedad del National Trust, el Patrimonio Nacional británico), y a los versos describiendo y celebrando su papel en la casa. De hecho, encargaron más retratos de sus sirvientes que de la propia familia.

Ya en la Edad Media podemos encontrar legados a empleados concretos como reconocimiento a la confianza y la lealtad demostrada, además de para asegurar su bienestar en la vejez. Después de la Edad Media, el cambio en la percepción de la libertad individual hizo que se replanteara el papel y la profesión del sirviente doméstico interno, cuya vida reglamentada y dependencia hacían posible la existencia de la casa de campo. Los desafíos al poder establecido de los terratenientes, unidos a los cambios derivados de la revolución individual y un renovado idealismo político, tuvieron un impacto significativo en la percepción de los sirvientes de su propio trabajo. A comienzos del siglo XIX la palabra ya había empezado a adoptar tintes negativos relacionados con la sumisión a un sistema de clases inflexible. Por ejemplo, William Tayler, lacayo de gran experiencia, escribía en su diario en 1837: «La vida del sirviente de un caballero es como la de un pájaro enjaulado. Está a refugio y bien alimentado, pero falto de libertad, y la libertad es el bien más preciado y dulce para todo inglés. Por tanto, preferiría ser un gorrión o una alondra, tener menos refugio y alimento, y disfrutar de más libertad».

Sin embargo, en otro comentario decía que no podía comprender el desprecio con el cual comerciantes y mecánicos miraban a los sirvientes domésticos cuando veían mucho más mundo que ellos, al estar expuestos al contacto con mayor variedad de gentes, mayor riqueza de experiencias y mayor movilidad. Independientemente del concepto que se tenga hoy en día del servicio doméstico, no cabe duda de que fue un elemento definitorio en la vida de las casas de campo durante siglos, y estas páginas ofrecen una muestra de la extraordinaria variedad de hombres y mujeres que pasaron por ellas y cuya aportación debería ser valorada como merece.



lunes, 22 de octubre de 2012

Estrella Brillante-John Keats




Estrella brillante, si fuera constante como tú,

no en solitario esplendor colgada de lo alto de la noche

y mirando, con eternos párpados abiertos,

como de naturaleza paciente, un insomne Eremita,

las móviles aguas en su religiosa tarea

de pura ablución alrededor de tierra de humanas riberas,

o de contemplación de la recién suavemente caída máscara

de nieve de las montañas y páramos.

No, aún todavía constante, todavía inamovible,

recostada sobre el maduro corazón de mi bello amor,

para sentir para siempre su suave henchirse y caer,

despierto por siempre en una dulce inquietud

silencioso, silencioso para escuchar su tierno respirar,

y así vivir por siempre o si no, desvanecerme en la muerte.

"La belleza es la verdad, la verdad es belleza, esto es todo... lo que necesitas saber».

John Keats está considerado el poeta romántico por antonomasia por su gran capacidad para extraer belleza a una palabra sublime que exalta la función de la poesía, pues gracias a ella se inmortaliza al poeta. Muchos de sus poemas arrancan de sus propias lecturas, no de sus vivencias personales, de ahí que puedan rastrearse sus fuentes clásicas: Homero, Dante, Petrarca, Shakespeare; pero también, Thomas Chatterton y Robert Burns, el poeta nacional escoses.

La reflexión sobre el sufrimiento y la muerte, la relación existente entre el poeta y su proceso creador, los límites de la creación artística o la exploración de la naturaleza panteísta son motivos constantes. Keats contrasta la condición finita del hombre, efímera por naturaleza y la belleza del arte. Él sabe que el hombre está continuamente sometido a una pulsión, que su condición intrínseca es el sufrimiento, que no puede escapar de su destino. Paradójicamente ese dolor es el hacedor de la belleza, pues le sirve en su búsqueda de eternidad, convirtiéndose en cauces de sublimación poética.

Durante su vida el poeta sufrió el rechazo por sus ideales políticos y por sus poemas primerizos que no convencieron ni a sus amigos ni a la crítica, pero perseveró, hasta lograr ese genio poético que buscaba insistentemente: el mismo decía que sus primeras composiciones como Endyimión no tuvieron fortuna; largos poemas que no conseguían ese tono shakesperiano que tanto deseaba. La crítica, sin embargo, es unánime en la valoración de los sonetos y odas.

Su poesía es un juego de espejos, puesto que el poeta no puede saber verdaderamente quién es, ni presentar un mensaje personal, filosófico o moral. Lo que caracteriza al buen poeta es la “capacidad negativa”, como han dicho muchos críticos, el potencial olvido de uno mismo, esa desconexión es necesaria si queremos extraer el jugo a las situaciones, a los objetos que nos rodean, para dotarlos de entidad propia. Se trata pues de una concepción que se adelanta a su tiempo, que sobrepasa al Romanticismo y llega hasta la cotidinaeidad actual.





La señorita Buncle de Dorothy Emily Stevenson



Escritora escocesa, D. E. Stevenson fue muy conocida por sus novelas románticas, aunque sus mayores éxitos se alejaron del género llegando a vender millones de ejemplares de obras como El libro de la señorita Buncle.


Dorothy Emily Stevenson (1892-1973), hija de un primo de Robert Louis Stevenson, escribió su primer libro, Peter West, en 1923, al que siguió Mrs. Tim of the Regiment (1932), en el que daba cuenta de sus experiencias como esposa de un militar. En 1934 publicó El libro de la señorita Buncle , que tuvo un inmenso éxito. A partir de entonces escribiría una novela al año, de las que vendería millones de ejemplares en Gran Bretaña y Estados Unidos; entre ellas se encuentran las dos continuaciones de El libro de la señorita Buncle (Miss Buncle Married en 1936 y The Two Mrs. Abbotts en 1943), An Empty World (1936), Music in the Hills (1950) y Gerald and Elizabeth (1969).

La escocesa D. E. Stevenson. Publicada en 1934, narra los aprietos de una solterona que, al escribir con seudónimo un libro sobre sus vecinos, organiza un fenomenal alboroto en el pueblecito donde vive y donde nadie sospecha que pueda ser ella quien ha puesto al descubierto todos sus secretos.


Dorothy Emily Stevenson nació en Edimburgo en noviembre de 1892. Su padre era primo hermano del escritor Robert Louis Stevenson y Dorothy se sintió atraída por la lectura y la escritura desde muy pequeña, a pesar de la oposición de sus padres. Se casó en 1916 con un joven oficial del ejército, James Reid Peploe,con el que tuvo cuatro hijos.


En 1923 publicó su primera novela, Peter West, que no tuvo un gran éxito, a pesar de lo cual continuó escribiendo su diario personal. A principios de los años 30, una amiga se lo pidió prestado para que su hija, que iba a casarse con un oficial del ejército, conociera de primera mano el tipo de vida en el que se iba a embarcar.Le gustó tanto que convenció a D.E para que lo publicara y, para su sorpresa, Ms.Tim alcanzó un notable éxito.

A partir de entonces y hasta el final de su vida, a comienzos de la década de los 70, no paró de escribir, tanto libros humorísticos como románticos, aventurándose incluso en el campo de la ciencia ficción.

Publicó 45 libros entre 1923 y 1970 y tres más se publicaron después de su fallecimiento, en 2011. Entre ellos, además del mencionado Mrs. Tim, destacan 'El libro de la señorita Buncle' o 'La señorita Buncle se casa', además de varios libros de poesía.







viernes, 19 de octubre de 2012

The writers ' Museum



Tres ciudades británicas son consideradas las ciudades más literarias del mundo: Edimburgo, Dublín y Londres. Aparecen otras ciudades en esta crónica de Julieta Roffo para el diario Clarín basada en información de “National Geographic Traveler”. Al parecer, la lógica para aparecer en la lista es la cantidad de museos o casas de escritores que hay en el lugar. Como no está el enlace, no sé si mencionan o no a la maravillosa y fundamental ciudad de Trieste. Sería lamentable que no fuese así.


Dice la nota:

(…) según el análisis publicado por la revista, Edimburgo es la ciudad más literaria de todas: en la capital escocesa hay un importante Museo de Escritores, donde se homenajea, entre otros, a Robert Louis Stevenson y a Sir Walter Scott y hay pubs que se jactan de haber sido sitios de inspiración de Sir Arthur Conan Doyle, el creador de Sherlock Holmes. Dublín, la capital de Irlanda, se ubica en segundo lugar: allí nacieron o vivieron James Joyce, George Bernard Shaw, Bram Stroker y Oscar Wilde. Allí transcurre el Ulises de Joyce, una de las novelas más importantes del siglo XX, y por la cual cada 16 de junio dublineses (y miles de turistas) celebran el Bloomsday, el único día en la vida de Leopold Bloom que el autor narra en su extensísimo texto. Londres también tiene lo suyo: aunque William Shakespeare –el autor fundacional de ese idioma, como Cervantes funcionó para el español- nació en Stratford-upon-Avon, la capital inglesa alberga al teatro en el que se interpretaban sus obras y que aún funciona, y además, la biblioteca del Museo Británico es una de las más importantes del mundo y cuenta con manuscritos de Jane Austen y del mismísimo Joyce, entre tantos otros.

La característica de París tal vez sea que allí no sólo hubo escritores nativos de importancia universal, como Víctor Hugo y Honoré de Balzac, o como Jean-Paul Sartre y su compañera, Simone de Beauvoir, con mesa fija en el célebre Café de Flore; sino que también fue La Meca de las Letras -¿la tierra (de la inspiración) prometida?- para autores de todo Occidente: nada menos que Ernest Hemingway, Truman Capote y Sábato también frecuentaron esas mesas; Mario Vargas Llosa, como Cortázar, vivió en la capital gala, y allí escribió La ciudad y los perros, su primera novela, que acaba de cumplir 50 años.

A mediados del siglo XX, París fue una especie de centro neurálgico de las artes, y eso abarcó a la literatura: mudarse allí, conocerla, caminarla, podía resultar inspirador, no sólo por su paisaje y su carácter cosmopolita, sino porque ahí mismo podían encontrarse a otros artistas y compartir con ellos la experiencia creativa. Eso tal vez la haya vuelto el escenario de textos como París era una fiesta, en el que Hemingway rememora su tiempo allí, o la mismísima Rayuela, situada sobre los puentes del Sena y en la que la propia historia muestra esa efusividad artística que asociaba a músicos con escritores y con pintores en proyectos colectivos. Los años en los que las dictaduras militares se instalaron por la fuerza en Latinoamérica fueron motivo de exilio para muchos autores, y en algunos casos, París fue no sólo inspiración sino refugio.

La San Petesburgo de Fiódor Dostoievsky, donde transcurren Crimen y castigo y donde escribió.




miércoles, 17 de octubre de 2012

"Jane Austen's Heroines" 7-23 de julio Christ Church College, Oxford



Como parte de los programas de verano de la prestigiosa Universidad Christ Church College en Oxford, se impartirá un curso sobre las heroinas creadas por Jane Austen.


Los personajes principales de Austen existen en un mundo en el que las mujeres solteras suelen ser económicamente dependientes de los hombres, y su valor viene determinado por los diferentes usos de la sociedad en la que viven. En un entorno ideal, las mujeres suelen ser jóvenes, bellas, sanas, educadas y dóciles. Sin embargo, Austen escribe sobre mujeres que no cumplen estos criterios; sus mujeres suelen tomar la palabra y no se corresponden con el patrón de belleza; sus familias se convierten en ocasiones en obstáculos para su felicidad. ¿Es ésta la razón por la que los lectores actuales simpatizan en seguida con las mujeres Austen? En este curso se analizará Emma y Orgullo y Prejuicio, haciendo referencia especial a las nociones de “mujer ideal”.


El programa se desarrollaro de la siguiente manera:



Los seminarios tienen lugar de lunes a viernes por la mañana a las 09.15-10.45 y 11.15-12.45. Las tardes son libres para el resto de las actividades del curso, estudio individual o para explorar el maravilloso entorno de la ciudad.

Lunes:

Introducción: La vida de Jane Austen, sociedad y la posición de las mujeres.

Martes:

Discusión de Emma: El carácter de la heroína, el contexto y las comparaciones con otras mujeres en la novela.

Miércoles:

Discusión of Orgullo y Prejuicio: ¿Quién es la heroína? La variedad de mujeres en la novela, y el significado del matrimonio.

Jueves:

Excursión a Chawton y Winchester: Visita a la casa de Jane Austen y al pueblo de Chawton, y se explorarán igualmente los vínculos de la autora con Winchester.

Viernes:
Discusión final: ¿Qué es unaheroína? ¿Es Austen revolucionaria o tradicional? El atractivo para el lector moderno.Excursión:

Chawton (Casa de Jane Austen) y Winchester.

Os recordamos que el Christ Church College es el escenario donde se rodó la saga de Harry Potter, y se trata de un entorno realmente privilegiado.