sábado, 12 de octubre de 2013

Leer a Jane Austen hoy


El siglo XIX fue el de la novela y los novelistas. Durante la primera mitad de la centuria, el romanticismo dominó la escena con obras en las que la expresión desbordada del sentimiento llenaba páginas de desmayos y suicidios por amor, desde Julia o La nueva Eloísa, de Jean Jacques Rousseau; Las cuitas del joven Werther, de Goethe, hasta Rojo y negro, de Stendhal.
Sin embargo, aunque muchas de estas piezas fueron libros de culto en su época, resultan demasiado acartonadas para el lector actual. Ante este panorama, asoma Orgullo y prejuicio (1813), de la escritora británica Jane Austen, que, compete con las grandes obras sobre el amor de este siglo como Madame Bovary o Anna Kereninna, presenta una historia plausible para la época y también para la nuestra, contada con una fina ironía. La obra, que el pasado 28 de enero cumplió 200 años de publicación, fue elegida por los lectores británicos como “el segundo libro más amado del Reino Unido” después de El señor de los anillos de J.R.R. Tolkien, según una encuesta de la BBC en 2003. ¿A qué se deberá tanto aprecio? La novela de Austen retrata varias fases distintas del amor, encarnadas en las parejas de personajes que aparecen en la obra contemplando la candidez, la pasión y la apatía. En el centro, se encuentra el dúo conformado por Elizabeth Bennet, la protagonista, y Fitzwilliam Darcy, quienes representan la muy actual fantasía del amor entre dos personas que están al mismo nivel intelectual. Prueba de ello son los agudos lances verbales entre ambos amantes que suelen estar cargados de elocuencia, y en los que ninguna de las dos partes se subyuga a la otra sino que logran una atractiva complicidad. Para la escritora e investigadora alemana Christian Zschirnt, el valor de la obra de la británica reside en que “el amor en las novelas de Austen supone el hechizo de la vida cotidiana”. “La autora no describe el amor como un apasionado drama ni convierte a los que lo sienten en personajes maravillosos. Por eso, ella fue la primera en tratar el tema del amor tal como lo entendemos y lo esperamos en el siglo XXI”, apunta. En opinión de la escritora mexicana Ángeles Mastretta, autora de Arráncame la vida, Austen quizás pudo ser la primera feminista. “La verdad es que ninguna de sus heroínas tuvo a bien suicidarse para salir de un entuerto, mejor lo desafiaban como ahora se supone que debe hacerse. Y se hacían dueñas de sus vidas por obra y gracia de su santa voluntad”, dijo al diario El País. Así lo hizo Austen, que no se casó nunca e imaginó a la primera heroína de un cuento de hadas feminista: Elizabeth Bennet.

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